Volver a clases con más dudas que certezas

Claudia Quiroga Daldi. del Equipo de Difusión del Counseling de la Asociación Argentina de Counselors, afirma que no hay fórmulas universales para aplicar, pero que existen algunas claves para afrontar el regreso a la presencialidad en el marco de tanta incertidumbre.

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Por Clr. Claudia Quiroga Daldi. Equipo de Difusión del Counseling de la Asociación Argentina de Counselors.

En estos días estamos transitando una situación excepcional, gradualmente se inician las clases en un marco de incertidumbre y con protocolos sanitarios que se adaptan a las diversas regiones del país e incluso con variantes de acuerdo a cada establecimiento.

Insólitamente, una de las pocas actividades que históricamente no generaba dudas, y que implicaba una inexorabilidad que dábamos por descontada, se vió truncada durante el año pasado y hoy de a poco y haciendo camino al andar, se retoma generando en las familias sensaciones nunca antes experimentadas.

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Más allá de los aspectos prácticos que se complican, como los horarios reducidos, nuevas dinámicas, cambios de modalidades, por citar algunos; nos afecta emocionalmente porque no contamos con aprendizajes pasados para sobrellevar en lo personal y acompañar adecuadamente conteniendo a nuestras hijas e hijos en esta etapa que se tornó atípica.

Un nuevo desafío se nos presenta y como en tantos otros aspectos de nuestra vida desde que esta pandemia golpea al mundo entero, nos vemos en la obligación de adaptarnos rápidamente a cambios vertiginosos que se van sucediendo al compás de un virus cuya conducta no podemos predecir y por lo tanto, de tan volátil nos impide proyectar y planear aún a corto plazo, con las consecuencias que ello trae aparejado.

Desde el counseling acompañamos esta problemática familiar, y como se vivencia de una forma única y particular, no hay fórmulas universales para aplicar, sin embargo, ciertos recursos pueden ayudar:

  • Optimizar la comunicación.
  • Habilitar espacios para compartir sentimientos y emociones.
  • No ocultemos las propias dudas e incertidumbres con nuestras hijas e hijos.
  • No demos por sentado lo que le pasa al resto de la familia, preguntemos e incentivemos a que nos pregunten.
  • Elijamos las batallas, guardemos energía para lo que si podemos cambiar o controlar.
  • Si hay protocolos escolares con los que no estamos de acuerdo, éste no es momento para discutirlos, porque no tenemos demasiadas opciones, ya que ciertas medidas seguramente se ajustarán sobre la marcha y el devenir de los acontecimientos.
  • Informémonos con especialistas y en sitios oficiales, circulan demasiadas noticias falsas o no chequeadas que aumentan la confusión y contribuyen a la desinformación.

Y quizás lo más importante: tengamos una mirada amorosa y empática con quienes nos rodean y fundamentalmente hacia la persona que somos y que transita por primera vez este camino lleno de dificultades, tratando de hacer lo mejor que puede, a tientas, construyendo experiencia, sin bagaje de conocimiento previo, porque el mejor acompañamiento que podemos brindar y recibir es el afecto, sin condicionamientos, esa es casi la única certeza que podemos abrazar, y bienvenida sea.

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