Startups y su influencia en la educación 2022

La creciente innovación y digitalización que experimenta la cotidianidad permea todos los ámbitos de la vida, y la educación no está exenta de estos cambios.

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La creciente innovación y digitalización permea todos los ámbitos de la vida, y la educación no está exenta de estos cambios. En ese sentido, las aplicaciones se ponen a disposición de la enseñanza y el aprendizaje, escenario que se acrecentó con la pandemia.

Las nuevas tecnologías fueron ganando protagonismo en las aulas, pero con la llegada del COVID-19 y, tras el cierre de los centros educativos en casi todo el mundo, se convirtieron en una herramienta indispensable para la educación. En este contexto, la pandemia no hizo más que acelerar un proceso de transformación digital que la escuela ya llevaba tiempo dando.

Así las cosas, la tecnología incidió fuertemente en el sector educativo, creciendo el número de compañías emprendedoras cuyos proyectos ayudan a modernizar la forma de enseñar, ya sea a partir de la realidad aumentada o la inteligencia artificial.

Por ejemplo, las nuevas tecnologías (como la robótica, la programación o la impresión 3D) permiten a los y las estudiantes aplicar de forma práctica lo que aprenden en la teoría. Además, potencian la creatividad, el razonamiento lógico, la orientación espacial o la coordinación. Esta enseñanza más práctica, con contenidos dinámicos y divertidos, redunda en la motivación del alumnado. Esto le convierte en un aliado de excepción para combatir el abandono y la desafección educativa.

El Tech Trends Report del IEEE de 2022 advierte de que solo una pequeña parte de las innovaciones modifica realmente el «state-of-the-art» del desarrollo tecnológico: la mayoría no son rentables o no han encontrado su nicho de mercado.

Sin embargo, algunas tecnologías, al haber logrado hacer frente a amenazas actuales, generar oportunidades y, sobre todo, estar al servicio de las personas, parecen haber llegado para quedarse; otras, empiezan a entreverse firmes en el horizonte próximo. Por ello, es interesante profundizar en las tecnologías que tendrán alto impacto este 2022.

Al respecto, para estudiantes y profesores, la pandemia fue todo un desafío. Mario Espósito, CEO de la startup Classlife, resaltó que la crisis sanitaria demostró lo necesario de planificar la enseñanza desde una perspectiva digital, algo casi impensable para muchas instituciones hace dos años. «Aceleró un proceso que ya era imprescindible», añadió.

Según este experto, muchos centros educativos le perdieron el miedo a términos como aula virtual o «e-learning» y señala que la «edtech» (tecnología aplicada a la educación) permite adaptar mejor las lecciones a la forma de comunicarse de los alumnos y a su realidad; recurrir a metodologías para amenizar las clases; preparar mejor a los estudiantes para la mayoría de las profesiones del futuro; y contar con las herramientas digitales que ofrezcan flexibilidad ante cualquier imprevisto.

Espósito añadió que las ventajas de la digitalización educativa no se limitan al aula, sino que «se pueden establecer puntos de contacto entre todos los actores implicados en el proceso de la enseñanza, incluido el equipo administrativo».

En ese sentido, Classlife desarrolló un software en la nube que incluye todas las herramientas necesarias para gestionar todos los procesos de la institución y un innovador Campus Virtual, que promueve la participación de los estudiantes gracias a su similitud con una red social.

Según el último informe de la plataforma Qustodio sobre hábitos digitales de los menores, el uso de las apps educativas a nivel global se disparó un 162% en el primer semestre, coincidiendo con el cierre de los centros y el periodo de confinamiento estricto en casa.

Brecha digital y educación en América Latina

Según UNICEF, el COVID-19 causó la interrupción más importante del aprendizaje en la historia de América Latina y el Caribe. En noviembre de 2021, 71 millones de niños, niñas y adolescentes de la región seguían afectados por el cierre de las escuelas.

Incluso antes de la pandemia, la región se enfrentaba a una crisis de aprendizaje. Más de un tercio de los estudiantes no alcanzaba el nivel mínimo de competencia en lectura, mientras que algo más de la mitad no cumplía los estándares de aprendizaje en matemáticas. Se calcula que 10,4 millones de niños, niñas y adolescentes estaban sin escolarizar, lo que aumentaba el riesgo de violencia, explotación y abuso, así como los obstáculos para obtener ingresos en el futuro.

 

 

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