En un mercado laboral cada vez más atravesado por la inteligencia artificial y las tecnologías digitales, el desarrollo de talento se ha convertido en uno de los principales desafíos para el sector tecnológico. La paradoja es conocida: mientras crece la demanda de perfiles calificados, muchos jóvenes encuentran dificultades para acceder a su primera experiencia laboral.
Según distintas voces del sector, el problema no radica únicamente en la formación académica, sino en la brecha entre lo que enseñan las instituciones educativas y las habilidades que hoy demanda la industria. En este contexto, comienzan a multiplicarse iniciativas que buscan acortar esa distancia a través de experiencias formativas más vinculadas con la práctica profesional.
La experiencia como barrera de entrada
Uno de los principales obstáculos para quienes buscan insertarse en el mundo tecnológico es la exigencia de experiencia previa, incluso en posiciones iniciales. Esta dinámica genera un círculo difícil de romper: sin experiencia no hay acceso al empleo, pero sin empleo no es posible adquirir experiencia.
En ese marco, programas de pasantías y formación en contexto laboral aparecen como una alternativa para abordar esta problemática. Tal es el caso de NextGen, una iniciativa impulsada por GlobalLogic en Argentina y México, orientada a estudiantes de sistemas que buscan su primera experiencia en el sector IT.
La propuesta combina capacitación técnica, mentoría y participación en proyectos reales, con el objetivo de acercar a los estudiantes a las dinámicas de trabajo de la industria.
De la formación técnica a la comprensión del negocio
El programa se desarrolla a lo largo de seis meses e incluye contenidos vinculados a programación, bases de datos, arquitectura de sistemas y herramientas asociadas a inteligencia artificial y machine learning.
Sin embargo, uno de los puntos que comienza a ganar relevancia en este tipo de iniciativas es la necesidad de ir más allá de lo técnico. El perfil de los talentos junior está cambiando: ya no alcanza con dominar lenguajes o herramientas, sino que se requieren habilidades como el trabajo en equipo, la capacidad de adaptación y la comprensión del impacto de la tecnología en los negocios.
En ese sentido, la participación en proyectos reales permite a los estudiantes enfrentarse a problemáticas concretas, comprender procesos de desarrollo y trabajar con metodologías actuales, como las arquitecturas basadas en microservicios.
La inteligencia artificial y la redefinición de habilidades

La expansión de la inteligencia artificial introduce una capa adicional de complejidad en la formación de nuevos perfiles. Las habilidades requeridas en el sector tecnológico están en constante cambio, lo que obliga a repensar tanto los contenidos como las estrategias de enseñanza.
Desde GlobalLogic, señalan que este contexto exige una revisión de las formas tradicionales de inserción laboral: “Hoy muchas compañías buscan perfiles con experiencia, lo que deja a muchos jóvenes fuera del mercado laboral. En GlobalLogic asumimos el desafío de revertir esa lógica: apostamos por formar talento desde etapas tempranas y brindarles su primera experiencia profesional en proyectos reales. Creemos que ese es el camino para construir el talento que la industria necesita, especialmente en un contexto donde la inteligencia artificial está redefiniendo las habilidades desde los roles más iniciales”, señaló Sebastián Bainer, Senior Vice President & Head of LatAm de GlobalLogic.
Este tipo de planteos pone en evidencia una tensión más amplia: cómo adaptar los sistemas de formación a un entorno donde las tecnologías evolucionan más rápido que los programas educativos.
Entre la educación y el trabajo: un puente necesario
Más allá de la iniciativa puntual, el crecimiento de este tipo de programas refleja una necesidad estructural: fortalecer los vínculos entre el sistema educativo y el mundo productivo.
La formación en tecnología, especialmente en áreas vinculadas a inteligencia artificial, no puede pensarse como un trayecto cerrado. Requiere actualización constante, contacto con entornos reales de trabajo y desarrollo de habilidades que trascienden lo técnico.
En este escenario, las experiencias que combinan aprendizaje y práctica profesional se consolidan como un puente posible para acompañar a los jóvenes en sus primeras inserciones laborales.
El desafío, hacia adelante, será cómo escalar este tipo de propuestas y garantizar que más estudiantes puedan acceder a oportunidades de formación que les permitan no solo ingresar al mercado laboral, sino también adaptarse a un entorno en permanente transformación.





























