Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA y Asociación Conciencia recupera la mirada de docentes, directivos y otros educadores sobre el estado actual de la escuela secundaria argentina. El estudio, titulado “Repensar la escuela secundaria: problemas, resistencias y reformas posibles desde la mirada de docentes y directivos”, reúne los resultados de una encuesta nacional aplicada en 2026 a 1.148 educadores de alrededor de 750 escuelas secundarias del país.
La presentación se realizó el jueves 28 de mayo en el Campus Papa Francisco de la UCA, en Puerto Madero, durante el encuentro “Docentes y directivos en primera persona: los nudos críticos de la escuela secundaria”. La apertura estuvo a cargo de Agustín Salvia, director del ODSA-UCA, y Juan Manuel Fernández Alves, director ejecutivo de Asociación Conciencia. Los principales hallazgos fueron presentados por Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia del ODSA-UCA, y Teo Saralegui, coordinador de Investigación e Incidencia Pública de Asociación Conciencia.
El valor del informe está en que no se limita a observar la escuela secundaria desde indicadores externos, sino que pone el foco en quienes la sostienen cotidianamente. A partir de esa mirada, el estudio identifica problemas persistentes, tensiones frente a las reformas recientes y posibles consensos para pensar transformaciones.
La paradoja educativa: el sistema se mira peor que la propia escuela
Uno de los primeros datos que muestra el informe es la vigencia de la llamada “paradoja educativa”. A nivel nacional, la valoración promedio del estado actual de la educación secundaria se ubicó en 2,5 puntos sobre 5. Sin embargo, cuando los educadores evaluaron la escuela en la que trabajan, la valoración ascendió a 3 puntos.
La diferencia muestra una percepción más crítica sobre el sistema educativo en general que sobre la propia institución. Esa brecha aparece especialmente marcada en escuelas privadas y de nivel socioeconómico alto, donde la valoración de la escuela propia se distancia con más fuerza de la mirada sobre el conjunto del sistema.
Este punto es relevante porque permite leer una tensión de fondo: existe diagnóstico crítico sobre la secundaria, pero no siempre ese malestar se traduce en una mirada igualmente crítica sobre la institución concreta en la que cada educador trabaja. Para cualquier política de transformación, esa distancia no es menor.
Desmotivación y ausentismo, los problemas más señalados
Entre los problemas relevados, la falta de motivación e interés de los estudiantes frente a las propuestas de enseñanza aparece como una de las principales preocupaciones. El 82,3% de los educadores la considera un problema importante y el 56,8% la ubica entre los tres temas más prioritarios.
El dato no debería leerse como una explicación centrada únicamente en los estudiantes, sino como una señal sobre el vínculo entre la escuela secundaria, sus propuestas de enseñanza y las formas actuales de construir sentido alrededor de la experiencia escolar.
El ausentismo también aparece como un problema central. Las inasistencias estudiantiles son consideradas importantes por el 73,8% de los encuestados, porcentaje que asciende al 79% en escuelas de gestión estatal. A esto se suma el ausentismo docente, mencionado por el 43,9% del personal educativo, con mayor incidencia en instituciones estatales y de nivel socioeconómico bajo.
Estos datos muestran que la continuidad pedagógica sigue siendo uno de los grandes desafíos del nivel. La secundaria no solo enfrenta problemas vinculados con el interés o la propuesta de enseñanza, sino también con las condiciones necesarias para sostener trayectorias escolares más regulares.
Reformas recientes: entre resistencias y efectos no deseados
El informe también indaga la percepción de docentes y directivos sobre los cambios implementados en los últimos años. Allí predomina una mirada crítica: el 71% identifica al menos un cambio reciente con impacto negativo.
Las opiniones más desfavorables se concentran en el régimen académico, señalado negativamente por el 60,7%, y en el sistema de evaluación, con un 56,9%. Estos datos muestran que las reformas no son evaluadas de manera homogénea ni necesariamente como mejoras por quienes deben implementarlas en la vida cotidiana de las escuelas.
Esto no implica que los educadores rechacen toda transformación. Más bien señala una tensión habitual en la política educativa: las reformas pueden tener objetivos legítimos, pero si no logran dialogar con las condiciones reales de trabajo institucional, corren el riesgo de ser percibidas como cambios que complejizan la tarea sin resolver los problemas de fondo.
Un ejemplo de ese debate aparece en torno a la repitencia. El 60,8% de los educadores se manifiesta en desacuerdo con su reemplazo por un sistema de aprobación de materias. Sin embargo, el 28,7% acompaña la medida, con mayor apoyo en escuelas más pequeñas y de menor nivel socioeconómico. El dato confirma que la discusión sigue abierta y que las posiciones varían según los contextos.
Autonomía, evaluación y metodologías activas: consensos posibles
Aunque el diagnóstico es crítico, el informe también identifica áreas de consenso. Una de ellas es la necesidad de avanzar hacia propuestas pedagógicas más participativas y centradas en los estudiantes: el 74,2% considera que debería profundizarse el uso de metodologías activas en la enseñanza secundaria.
También aparece una valoración favorable hacia la implementación de una evaluación nacional estandarizada y opcional al finalizar la escuela secundaria. El 65,2% del personal educativo se muestra algo o totalmente de acuerdo con una prueba orientada a evaluar aprendizajes en lengua, matemática, ciencias naturales y ciencias sociales.
Otro punto relevante es la autonomía institucional. El 91% de los educadores identifica al menos un área que podría mejorar si las escuelas contaran con mayor autonomía. El mayor consenso se concentra en las prácticas educativas vinculadas al mundo del trabajo, donde el 72% considera que una mayor autonomía podría tener efectos positivos.
Estos datos muestran que el personal educativo no solo señala problemas: también demanda condiciones para construir propuestas más flexibles, contextualizadas y conectadas con los intereses de los estudiantes y las necesidades de cada comunidad.
Familias y escuela: una relación necesaria, pero en tensión
El vínculo con las familias aparece como otro punto sensible. El 58,2% de los educadores percibe un bajo nivel de involucramiento familiar en las trayectorias educativas de los estudiantes. La proporción asciende al 73,1% en escuelas de nivel socioeconómico bajo y al 63,7% en las de gestión estatal.
Sin embargo, esa demanda de mayor acompañamiento no implica necesariamente una apertura a que las familias participen en decisiones institucionales. El 47,5% se manifiesta en desacuerdo con su intervención en la definición y desarrollo del Proyecto Educativo Institucional, y el 70,6% rechaza su participación en la selección de equipos directivos.
La tensión es clara: se reconoce la necesidad de mayor presencia familiar, pero persisten límites respecto del lugar que las familias deberían ocupar en decisiones consideradas propias de la gestión escolar y de la autonomía profesional de las instituciones.
No hay una única escuela secundaria argentina
Uno de los aportes más importantes del informe es mostrar que no existe una única escuela secundaria argentina. Las percepciones varían según región, tipo de gestión, nivel socioeconómico, tamaño institucional, cargo ocupado y antigüedad docente.
El tamaño de las escuelas aparece como un factor especialmente relevante. Las instituciones más pequeñas presentan menores niveles de desmotivación docente y menos dificultades asociadas a la articulación entre asignaturas o la disponibilidad de materiales. Además, tienden a valorar de manera más positiva algunas reformas recientes, lo que sugiere que podrían contar con mayores márgenes de adaptación institucional.
Esta heterogeneidad es una advertencia para el diseño de políticas educativas. Las reformas homogéneas difícilmente respondan de la misma manera a instituciones con realidades tan distintas. Repensar la secundaria exige reconocer esa diversidad, escuchar a quienes habitan las escuelas y construir respuestas capaces de combinar orientación común con adaptaciones situadas.
La voz de docentes y directivos no agota el diagnóstico sobre el nivel, pero sí aporta una dimensión imprescindible. En un momento en el que la escuela secundaria vuelve a estar en el centro del debate público, el informe del ODSA-UCA y Asociación Conciencia permite mirar sus problemas, resistencias y posibilidades desde adentro.





























