Ubicado en el barrio de Balvanera, El Teatro El Popular está presente en la escena cultural de la Ciudad de Buenos Aires desde el año 2012. Tiene dos salas y la más grande posee una capacidad para cien espectadores. Además de las obras de cartelera, tiene su propia escuela de actuación y dicta diversos talleres que complementan la formación. En Sobre Tiza conversamos con su directora artística, Anabella Valencia y con una de las docentes, Laura Dantonio.

Anabella es actriz, directora, productora y desde los 19 años dicta clases de teatro. Cuenta que ve al teatro como una totalidad y que asume diferentes roles en función de las necesidades del proyecto que se esté llevando a cabo: “Más que nada veo en qué puedo ser más útil. Como me gusta el teatro en general, me importa más el proyecto que lo individual.”

El teatro tiene su propia Escuela Integral de Actuación para niños, adolescentes y adultos. Como toda enseñanza artística, la de teatro ofrece herramientas que van mucho más allá de la asignatura en sí misma. “La docencia en actuación brinda muchas cosas. Yo no doy clases para personas que solo se quieren dedicar a la actuación. Hay docentes que solo dan clases a personas que quieren ser actores o actrices. Yo no, lo veo como algo más abarcativo, es una materia que te puede servir para sociabilizar, desinhibir, adquirir otras herramientas en la vida, para la dicción, para escuchar. Tenemos personas que tienen otra profesión y que esto les sirve para algo distinto que no tenían en sus vidas. Y otros que sí, que se han quedado actores para siempre, han encontrado un oficio. Nosotras hacemos las clases y prácticas también. Enseguida están en un escenario.” Al respecto, Laura agrega que algunos también se suman desde la asistencia o en la producción, que hay un ida y vuelta rápidamente y que se puede ver en cada caso cómo beneficia el teatro a cada uno.
De las palabras de ellas se desprende que la actuación es un oficio, un trabajo. En ese sentido es que el teatro dicta talleres vinculados a la técnica, como iluminación o escenografía, donde los alumnos pueden adquirir otras herramientas. Si bien es difícil vivir del teatro, Laura subraya lo placentero de trabajar en el ambiente teatral: “es muy difícil vivir de eso, trabajar no, trabajar es hermoso. Hay un montón de trabajo. Acá mismo se generan proyectos todo el tiempo, hay mucho material, ideas, ganas. Vivir de esto es más difícil.” Al respecto, Anabella agrega que uno de los alumnos se convirtió en el técnico del teatro y desarrolló así una profesión.

Anabella Valencia, directora artística de El Popular.

Ahora bien, el contexto actual dificulta cada vez más la situación de las salas de la ciudad. La suba indiscriminada de tarifas y la inflación hacen insostenible el mantenimiento además de que impacta negativamente en la cantidad de espectadores, que ya no pueden pagar el precio de una entrada. Por eso, el Popular tomó la decisión de presentar sus obras a la gorra. “Las tarifas se fueron a las nubes, las entradas no las podés subir. La gente no viene porque no puede pagar las tarifas en su casa tampoco. Llevar adelante el espacio se vuelve nadar contra la corriente. Todo el tiempo generamos situaciones para paliar eso”, explica Anabella y agrega: “si nosotros tenemos que subir la entrada, tenemos que subirla mucho. Decidimos ir a la gorra para que todos puedan venir al teatro, es un sistema solidario.”
Anabella resalta el compromiso y el trabajo que caracteriza a cada sala. Y cuenta lo difícil que es llevarlas adelante: “Todas son en contra. No podemos llevar adelante las situaciones que plantea el gobierno. Cuando querés ponerte en regla es un delirio, las vueltas que dan, los requisitos que tienen. Las habilitaciones tardan años y años, te piden una cosa y la hacés y después te piden otra. En las fiscalizaciones llegan los inspectores, hacen un control pero no saben las leyes.” Ante este tipo de cuestiones, rescata la importancia del trabajo en conjunto con otras salas a través de Artei, Asociación Argentina del Teatro Independiente, de la que forman parte: “el juntarse entre salas sirve porque se logran cosas, por ejemplo el poder trabajar con la habilitación transitoria. Si no, no podría ninguno.”

A las dificultades del contexto económico, consecuencia de las medidas llevadas a cabo por la actual administración, se le suma la existencia de políticas públicas caracterizadas por la falta de financiamiento. Proteatro y el Instituto Nacional del Teatro son los dos organismos que fomentan la actividad teatral y los subsidios que brindan son vitales para las salas. Anabella sostiene: “Es mucho trabajo llevar adelante el pedido de subsidio. La mayoría de las salas tienen los dos subsidios y es por lo único que sobreviven. Proteatro estuvo congelado por dos años, las salas recibieron lo mismo en esos dos años. Y si este año no hubiera subido, muchas más salas hubieran cerrado.” Y vuelve a subrayar la actividad de cooperación y de trabajo en conjunto entre las salas: “Salió un estado de emergencia y esa unión hizo que eso que estaba congelado se actualice un poco. Crearon un nueva línea de subsidios para paliar este año. Ahí se salvó la situación. En las salas todos están esperando que cambie algo.” Por su parte, Laura agrega que “las líneas de subsidios deberían ser un aporte real a la cultura, no un parche.”

En el barrio donde está El Popular funcionan muchas salas más. Por ejemplo, el Teatro Del Artefacto, El laberinto del cíclope, Silencio de negras, Teatro Calibán, de Norman Briski y Apacheta, la sala de Guillermo Cacace. Sin embargo, el público del propio barrio no suele acercarse. Anabella plantea: “Es difícil para la gente darse cuenta que tiene un lugar cultural que lo está esperando. La gente de teatro se entera y va a venir, no importa la hora, el lugar ni el día, hay una propuesta interesante y la gente de teatro va. Pero hay que tratar de expandirse hacia otros públicos.”

Además de las obras de cartelera y de la escuela, El Popular organiza el concurso de dramaturgia “Estampas de la Argentina actual” que tiene como objetivo promover la producción de autores y autoras nacionales. Además de otorgar un premio en efectivo a los tres primeros lugares, el teatro lleva adelante la producción y montaje de las obras ganadoras. El año pasado se realizó la segunda edición y la obra ganadora fue “Chancletas”, que aborda el tema del abuso intrafamiliar. El jurado está integrado por Amancay Espíndola, Patricia Zangaro y Bernardo Carei, vicepresidente de Argentores.
La intención de incentivar la lectura de autores argentinos también está presente en las clases que dictan y en las obras que forman parte de la cartelera, tanto de clásicos como de nuevas voces que se incorporan a la dramaturgia nacional. “Producimos las obras del concurso y también obras clásicas. Y de cualquiera que traiga su material y nos parezca interesante. No nos importa la trayectoria. Hay personas que hay estrenado acá por primera vez como dramaturgos o como directores. Nos tiene que resultar interesante el material, más allá de la trayectoria,” explica Anabella y agrega que no se trata de nacionalismo sino de “reivindicar lo que tenemos, es el país con más teatro en el mundo pero los autores argentinos no son los más reconocidos en el mundo. Esa contradicción tiene que ver con que nosotros mismos no ponemos en valor a nuestros autores,” enfatiza.

Por último, tanto Anabella como Laura destacan el valor del trabajo en cooperativa porque es el único camino posible para llevar adelante todo lo que hacen y subrayan la importancia de la solidaridad grupal. “Es desde la cooperación entre todas y todos. Cualquier otra cosa que es la que te impone el mercado, falla,” sostiene convencida Anabella. Y Laura agrega que muchas personas se empiezan a quedar porque les resulta esta manera de trabajar “en confianza, en grupo, en cooperativa.”

El Popular se caracteriza por el enorme trabajo que todas y todos llevan adelante, por el compromiso con el que lo hacen y por la apertura de sus puertas a todos los que quieran desarrollar un proyecto o trabajo artístico ¿Qué palabras pueden resumir todo eso? “Teatro, militancia, solidaridad,” dice Anabella y Laura agrega: “resistencia.”

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