Narrar lo innombrable en clave teatral

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Ph Sol Schiller

Hay temas que son particularmente difíciles de narrar por la oscuridad y la crueldad que encierran. Por suerte, está el teatro para tratarlos de manera poética pero sin perder profundidad. Tal es el caso de la última obra de Manuela Amorosa dirigida por Tamara Kiper en Timbre 4.
La niña vergüenza no tiene nombre. La niña vergüenza transcurrió su infancia entre gallinas y una almacén de pueblo, pasó sus noches ayudando a su madre a limpiar el cuchillo con el que se podrían liberar de tanto horror. La niña jugaba a escondidas entre los resquicios que le quedaban en una casa llena de secretos. La niña vergüenza es hija de lo innombrable, es testigo de eso que las familias callan sabiendo. La niña vergüenza finalmente logró salir de esa casa para reconstruir su historia, para sanar y volar a horizontes más luminosos.
El texto de la obra es de la misma actriz y logra meternos en los vericuetos de una intimidad familiar de una casa en el medio de la nada. Poco a poco, a través de una dramaturgia que se despliega en círculos concéntricos, el espectador va descubriendo el secreto que se oculta entre esas paredes. La dirección de Tamara Kiper se vislumbra en los climas que se construyen en cada momento, en el manejo preciso de los objetos que funcionan como índice de otros sentidos. De pronto, con una economía de movimientos, un zapato se convierte en unas piernas que corren o en un arma que dispara, un corcho es la protagonista jugando en los rincones de la casa, un repasador es la madre escapándose. Así, los objetos se vuelven poéticos, son la presencia de las ausencias. Finalmente, la actuación de Manuela Amorosa debe ser destacada por la franqueza con la que encara la interpretación. Sin caer en zonas comunes, mezcla momentos de gran dolor y momentos de juego y complicidad con el espectador. Su trabajo no es moral y descubre el humor que puede estar presente incluso en la oscuridad. Y ese juego está presente porque ella logra recuperar a esa niña que alguna vez fue.
Una mujer que decide bucear en su infancia para resignificar ese pasado y reconciliarse con ella misma. Una mujer que necesita sanar las heridas y que es la voz de muchas otras que no pudieron hablar. La niña vergüenza es una de tantas que han atravesado el horror y han podido salir.

Ph Sol Schiller

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