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Laura Nevole es enorme, la misma fuerza que tiene arriba del escenario la posee debajo. Actriz, dramaturga, psicóloga y docente, desde hace cuatro años viene protagonizando “Trópico del plata”, obra donde lleva a cabo un trabajo actoral maravilloso, en la cual logra emocionar y perturbar al espectador al mismo tiempo. Cada tarde de sábado, Laura se convierte en Aimé. Si el teatro se trata de “vivir en el escenario”, como ha planteado Peter Brook, realmente Aimé vive a través de Laura. Ya debajo del escenario, una vez que se bajó de aquellos tacos que convierten sus piernas en interminables, Laura nos recibió cálidamente al finalizar la función y conversó con nosotros.

Construyendo al personaje (o a los personajes)

En primer lugar, hablamos sobre la construcción del personaje. Laura cuenta que el trabajo se centralizó en la actuación porque el texto ya estaba escrito por Rubén Sabadini, el autor y director de la pieza. Para ingresar en el mundo que plantea la obra vieron algunas películas pero también estuvo presente parte de su contexto personal: hubo “mucho de mí biografía, personajes de la familia que yo recordaba, es decir, todos sabemos de alguien que ha pasado por situaciones más cercanas o lejanas de violencia”. Otro punto importante a la hora de construir el personaje fue abordarlo desde el amor: “eso es lo que primero entendí del texto. Esta mujer está enamorada y daría su vida por amor. Y hay algo del dar la vida por amor que a mí me resonaba por todos lados”. La comprensión fue otro de los lugares desde los cuales se construyó al personaje: “La comprendo, si no, no podría interpretar. Sobre todo en esto de dar la vida por el otro. Yo vengo de una formación católica, desde una postura también política de la mirada sobre la femineidad, y desde el catolicismo… es tremendo como se ve esto. Esto resuena mucho”.

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“Esta mujer está enamorada y daría su vida por amor. Y hay algo del dar la vida por amor que a mí me resonaba por todos lados”

El personaje de Guzmán también está interpretado por ella, los dos conviven de alguna manera en el mismo sujeto. Laura piensa que Guzmán es una parte de Aimé y que por eso ella no puede encontrar una salida a la situación. En este caso, el trabajo actoral se centró en la voz de los personajes: “Mi voz es más parecida a la de Guzmán, así que tuve que trabajar en la voz dulce. Y esa dulzura de la voz me lleva a armar el cuerpo de Aimé.  A eso se le sumó la peluca, que estuvo desde el comienzo -es un regalo de mi madre para que yo hiciera de princesa, pero nunca la había usado-, y así se fue armando el personaje de Aimé”.

Por otro lado, si bien el texto ya estaba escrito, hay hallazgos que surgieron en los ensayos y finalmente quedaron. Efectivamente, el texto de una obra no es estático ni cerrado sino que va tomando forma en los ensayos. Y en ese “aquí y ahora” muchas veces aparecen formas o tonos que luego se pueden sumar. Uno de esos descubrimientos fue trabajar con un tono de dulzura y de humor en algunas escenas: “Partir de una cosa lo más humorosa, amorosa e ingenua que se pueda, y llegar a puntos cúlmines del dolor y después volver a algo como lo de los chinos, que, si bien es terrible, puede adquirir otro tono, hasta incluso un poco más humorístico”.

Violencias de género

000104815Laura cuenta que el autor escribió el texto imaginando que Aimé es la Argentina y que Guzmán y los enmascarados representan a los Gorilas. Sin embargo, para ella tiene una connotación ligada al género: “Yo lo veo desde una perspectiva de género, para mí eso es inevitable, pero para él no. Él quiso hablar de la violencia de una clase sobre la otra, pero no de género”. De hecho, el tema y el tratamiento que tiene en la obra hacen que sea difícil no juzgar a los personajes: “es necesario disociar lo que uno piensa respecto a la obra de lo que siente Aimé. Es para mí lo más complejo del material, ese no juzgar a Guzmán. Porque en cuanto pasa eso algo se rompe, la obra pasa a ser entre buenos y malos”.

El teatro actúa como reflejo de la sociedad, como escenario que permite visibilizar problemáticas, temas y cuestiones que nos afectan como individuos. En ese sentido, el espectador puede verse reflejado en determinados personajes o situaciones y puede llegar a la identificación. La violencia de género atraviesa, de alguna manera, a todas las mujeres que, en mayor o menor medida, alguna vez sufrieron algún tipo de violencia, desde las micro violencias cotidianas hasta las más terribles. Algunos espectadores se le han acercado a Laura diciéndole que se han sentido identificados: “aunque uno no sabe con qué se identifican los otros, si el extremo es la trata, si es el vínculo con el otro, si uno se está prostituyendo por amor al otro. Me ha pasado más con mujeres que con hombres, pero con hombres también. Y también hombres que han tenido lecturas que no se pueden creer, que dicen que no hay violencia de género en la obra”. Incluso en círculos académicos o profesionales puede haber recepciones difíciles de comprender. Laura además es psicóloga y han presentado la obra en la Facultad de Psicología, “hubo colegas psicoanalistas que planteaban que no era violencia sino un extremo del amor… tremendo. Porque no había dialéctica. Era ‘bueno, pero ella lo ama’. Me sorprendió porque es gente formada y que también tienen incidencia en la salud mental de sus pacientes”.

La obra, como toda pieza comunicacional, se resignifica en los diferentes contextos en que se muestra. Lo que no es importante para un lugar, se convierte en fundamental en otro porque precisamente la recepción está atravesada por las variables socioculturales e históricas de los espectadores. “También la hemos hecho en otros contextos, como en Jujuy, Bolivia, Lisboa, y en cada contexto el sentido cambia. En Lisboa, lo de la negra fue tremendo, en Bolivia lo del disfraz fue tremendo, por los carnavales, allá la policía está disfrazada. Por eso es interesante llevarlo. Incluso me encantaría poder hacerlo con adolescentes”.

Actuación, docencia y más

photoSi bien el personaje sufre y padece durante toda la obra, la actriz disfruta. El trabajo actoral no podría hacerse si no hay un disfrute, un placer al llevarlo a cabo. “Disfruto mucho cuando puedo sentir al público, cuando te das cuenta que hay una conexión. A veces es solo un momento, pero eso se disfruta y mucho. Me pasa todo lo contrario cuando no siento que se haya conseguido ese contacto. Aunque a veces puede ser una percepción errada y que no me esté dando cuenta. Disfruto mucho la escena final, pero el comienzo, por ejemplo, es muy complejo. Porque si no lográs la conexión ahí parece que va a ser muy difícil remontarlo”.

Laura no sólo es actriz, también es docente y psicóloga ¿Cómo se encuentran estos lugares en ella? Cuenta que es la actriz el lugar central desde el cual se posiciona. “Es el sujeto que me sujeta la vida. Desde ese lugar asumo los otros”. Pero la profesión de psicóloga también le sirve mucho para la actuación. De alguna manera, la psicóloga y la actriz se complementan. A su vez, estas dos profesiones le sirven para la otra: la docencia. “La psicóloga me sirve un montón para la actriz y para la docente. Para la docencia hay mucho de la actriz y de la psicóloga, una clase también es estar en un presente, porque cuando uno repite perdió el presente. Hay que entender qué pasa cada vez, cada clase. Aunque el texto esté más o menos armado, cada vez es diferente el lugar por el que se entra. Pero siempre hablo desde el sujeto actriz, más allá que no niego que soy los otros”. Si bien Laura es docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, dice que su rumbo docente sigue por lo teatral, donde “encontró su refugio”. “Hace tres años que doy clases de teatro y de dramaturgia. Ahí las Teorías del Aprendizaje se hacen cuerpo, e incluso se entienden más en la práctica que desde lo teórico. En la educación hay una ausencia del cuerpo. Ahí hay un campo para investigar, sobre todo cuando el pensamiento, que está íntimamente ligado al cuerpo, parece que está escindido. Al igual que el placer, las pulsiones parecen estar excluidas de la idea del conocimiento”. Una de las cosas que más le gusta de la docencia es dar clases a los niveles iniciales de actuación ya que implica la posibilidad de ayudar al otro a encontrar su propia expresividad, es decir, poder constituir un vehículo de expresión donde el otro pueda hacer escuchar su voz. “Yo lo que hago es hacerles creer que tienen una voz. Hay algo de esa confianza, que yo no tuve en mi formación, porque muchas veces el teatro se enseña desde un lugar más de autoridad y despotismo. Pero yo me considero una maestra desde el lugar del amor. Y a mí esto me parece que te permite crecer mucho más, porque genera confianza en lo que cada uno pueda hacer de sí mismo”. Amor como lugar desde el cual llegar al otro y amor también a la profesión porque sólo alguien que ama la actuación puede realizar el maravilloso trabajo que hace Laura en el escenario. Es ese amor y esa emoción lo que se nota en su mirada al terminar cada función, antes de que se apaguen las luces y la magia llegue a su fin.

“Me considero una maestra desde el lugar del amor. Y a mí esto me parece que te permite crecer mucho más, porque genera confianza en lo que cada uno pueda hacer de sí mismo”

Palabras del autor

Durante la entrevista a Laura Nevole, charlamos también con Rubén Sabadini, autor y director de “Trópico del plata”, quien nos brindó unos minutos antes de marcharse.

ST: Laura nos comentaba que había diferentes enfoques respecto a la idea de la obra y que vos tenés una mirada más política del texto.

RS: Cuando escribía pensaba que Guzmán era el gorila, incluso es una metáfora casi literal porque él se disfraza de eso. Para mí siempre fue Menem, Macri, el neoliberal. Y claramente Aimé es la Patria, la Argentina. Es este país tan frágil que siempre está expuesto a la brutalidad de las clases dominantes. Y lo que sucede es que los peronistas, peronistas más progresistas, hicieron esa lectura del material. Pero otros no, dicen que es solo violencia de género. Es como una pintura de Francis Bacon en la que los bordes de los elementos están difuminados y no se puede distinguir en el borde dónde termina una cosa y empieza la otra. Es un poco lo que se pone en juego dramáticamente, una cosa es la otra al mismo tiempo. En el fondo lo que yo creo es que hay una lucha de poder: tanto del hombre hacia la mujer, de las clases altas con las bajas, incluso de los pobres entre pobres. Creo que en este momento la obra está más vigente que nunca.

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