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La música está hecha de historias, y nuestra vida está atravesada por diferentes melodías y músicas. Algunas más tristes, otras más alegres, la melancolía y la nostalgia se funden con el optimismo y la esperanza, el pasado y el futuro, el eterno presente. Esos son los caramelos surtidos que Lidia Borda y Daniel Godfrid nos ofrecen, como si viajásemos con ellos en un gran zeppelin que atraviesa paisajes sonoros de tiempos, géneros y emociones.

El dúo viene trabajando hace 11 años, y en esta ocasión trae una variada línea de interpretación de composiciones clásicas del tango y de ritmos de todo el mundo. En su presentación, casi íntima, en Café Vinilo, deslumbraron con la voz de Borda y el piano de Godfrid. No hay dudas que la voz de ella es versátil, clara y sensible, pero en ese tango, en ese tono de arrabal, su color cambia y su esplendor se expande. La voz del tango que llena todos los rincones de las sombras.

El joven pianista ofrece una plataforma para que la voz de Borda continúe desarmando sus historias, contando cómo cada parte de este repertorio significa en su vida. Desde el primer tema cantado en portugués que escuchó, “Geni e o zepelim”, de Chico Buarque, y que la acompaña desde los 14 años, hasta versiones de Charly García, Sui Géneris y Luis Alberto Spinetta; todo se funde en ese estilo tan propio que la artista ha consolidado a lo largo de los años.

Más sobre Lidia Borda: www.lidiaborda.com.ar

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