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Por Juan Ignacio Coria, Director de Admisiones y Marketing de Carreras de grado de Universidad Austral.

Los nuevos medios de comunicación producen, parafraseando a Umberto Eco, apocalípticos e integrados. La llegada de una nueva tecnología es tanto fuente de entusiasmo para algunos como de reticencia para otros. Tengamos en cuenta, por ejemplo, el miedo que los contemporáneos de Cervantes tenían de aquella moda de leer en silencio que podía – según ellos- aislar al lector de la realidad.

Algunos siglos más tarde, la primera proyección cinematográfica que realizaron los hermanos Lumière en 1895, generó en aquel entonces pánico en el público, al creer que podrían ser atropellados por ese tren que parecía dirigirse directamente hacia ellos. Otro caso es el horror que experimentó Heidegger al ver la máquina de escribir y considerar que privaba a la mano de la dignidad y degradaba la palabra a mero tráfico para la comunicación. Y aunque esos miedos, en nuestros días, parezcan ciencia ficción, lo cierto es que lo nuevo y lo desconocido siempre han sido fuente de los más variados e irracionales temores.

Nuestros días, sin duda, tampoco son una excepción y por años muchas personas e instituciones se han negado a incorporar las nuevas tecnologías enfocándose, más en la desconfianza que generan, que en los beneficios que traen consigo.

En la actualidad nos enfrentamos a dispositivos que cambian radicalmente nuestra forma de hacer y pensar diferentes tareas y nos empujan a cuestionarnos si existen otras maneras de acercarse, por ejemplo, al conocimiento y al aprendizaje. Ya lo decía Aníbal Ford: “El aporte de las nuevas tecnologías a las formas en que se desarrollan y constituyen el conocimiento y el intercambio humano es una realidad insoslayable”.

De esta forma, a diferencia de los ejemplos anteriormente citados, se deben empezar a pensar las nuevas tecnologías, menos como una amenaza y más como un aliado para ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos ¿Por qué no aprovechar las bondades que una tablet o una notebook pueden introducir en nuestra rutina de estudio y aprendizaje permitiéndonos llevar de un lado a otro y de manera sencilla grandes cantidades de información? Sin dejar de lado, por supuesto, la menor huella ambiental que provocan. Así como también tener en cuenta que el formato hipertextual que introducen estos dispositivos, se encuentra mucho más cercano a la forma en que nuestras estructuras mentales relacionan la información.

Por ejemplo, en nuestra universidad entregamos a los alumnos de las carrera de Abogacía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales un iPad con todo el material de estudio en formato digital. El objetivo de la iniciativa es sumar nuevas tecnologías e innovar en la enseñanza.

Asimismo, buscamos incorporar a los nativos digitales que, a diferencia de muchos de nosotros, han nacido en un entorno donde predominan las nuevas tecnologías y se relacionan con ellas de forma más natural. De hecho, las universidades están a tres años de tener en sus aulas a alumnos nacidos en el milenio actual. En realidad es muy probable que este año o el próximo ya los tengamos recorriendo y evaluando nuestras casas de estudio.

Estos nuevos medios de comunicación dan una nueva forma al conocimiento. Eso no significa ser un detractor de la página impresa, sino saber aprovechar en nuestro favor las oportunidades que las tecnologías digitales traen consigo. A fin de cuentas, el pensamiento coherente y el espíritu crítico que provee la educación no entienden de formatos sino que se valen de preguntas para generar nuevos conocimientos.

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