Cambiar el diseño del mobiliario escolar mejoraría el rendimiento de los niños

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Los hábitos posturales que se adquieren en la niñez pueden aportar al desarrollo armónico y saludable de nuestro cuerpo o, por el contrario, obstaculizarlo. Esto se debe a que la cantidad de horas que los chicos pasan sentados en la escuela (o como le llaman los que saben, “la postura sedente”) tiene fuertes implicancias en cómo se estructura la columna vertebral y, en algunos casos, produce patologías que aparecen luego, en trabajadores jóvenes.

Estas consecuencias son las que analizaron Roxana del Rosso, diseñadora industrial y ergónoma, y un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo para quienes la silla y el pupitre en el aula intervienen no sólo en el proceso de aprendizaje de niños, niñas y adolescentes, sino también en su futura vida adulta.

Dime cómo te sientas…

El ángulo entre asiento y respaldo, la curvatura del asiento, la altura y forma del respaldo, los caños expuestos en contacto con el cuerpo y los remaches son desventajas que pueden encontrarse en el mobiliario escolar tradicional e inducen a los chicos posturas inconvenientes, como tronco inclinado hacia el frente, compresión en piernas y abdomen, disminución de irrigación sanguínea y menor oxigenación del cerebro y los tejidos.

“En primer lugar relevamos los aspectos técnicos, constructivos, dimensionales y formales del mobiliario. Para esto se crearon instrumentos para medir la angulación y la flecha de curvatura que tenían los respaldos de las sillas y los pupitres. Además, realizamos observaciones y relevamientos fotográficos, analizamos y evaluamos las posturas de los alumnos en el uso del mobiliario. Aquí hallamos un gran desfase entre el tamaño de sillas y pupitres y las dimensiones corporales de los niños”, explica Del Rosso a Argentina Investiga.

Estos datos llevaron al equipo de investigadores a estudiar toda la normativa técnica y legal respecto de las condiciones que debe cumplir el equipamiento escolar a nivel provincial y nacional. Aspecto que completaron con un relevamiento antropométrico infantil (a través del que midieron las dimensiones corporales y estudiaron curvas de crecimiento de los/as niños/as) en dos escuelas de Mendoza.

“Esto es fundamental para el diseño del mobiliario, sobre todo para establecer tramos entre las medidas del estudiante más grande y el más pequeño. Así, con todos estos elementos y desde esta visión ergonómica, pudimos identificar el impacto que tenía el mobiliario -sobre todo las sillas- en la curvatura lumbar, la postura y su posible implicancia en el desarrollo de espaldas sanas”, afirma la diseñadora.

A través de los datos obtenidos en su investigación, lo que proponen los investigadores es aumentar el ángulo entre tronco y muslo para que las piernas formen un ángulo mayor a 90 grados. Esto requiere de un cambio en el diseño de las sillas para que sea más elevado el asiento, es decir, menos profundo y permita buen apoyo de los huesos de la pelvis (que se llaman isquiones) y que el muslo, rodillas y tobillos mantengan un ángulo mayor a 90 grados. Además, al apoyar los pies firmes en el piso, se lograría que tengan más carga las piernas que la que tiene la postura sedente convencional y que no recargue la curvatura lumbar, ni la modifique.

“Sentate derecho”

A todos nos han dicho alguna vez que nos sentemos bien o derechos pero ¿es la postura correcta? Lo que se viene considerando desde la edad moderna como la correcta postura es la espalda recta; sin embargo, radiológicamente está demostrado que la articulación del fémur con la cadera al sentarnos llega sólo a 60 grados. Los 30 grados restantes producen una rectificación de la columna lumbar.

La columna, naturalmente, tiene una curva cóncava que se llama lordosis. Cuando nosotros nos sentamos la pelvis bascula y se rectifica. Esto hace que la presión interdiscal, que son los discos que están entre las vértebras y amortiguan la compresión, se presionen en forma irregular y propicien el desarrollo de hernias o patologías de discos, que luego tienen impacto en la vida adulta.

“Esto se vería compensado si uno permaneciera sentado menos tiempo o si hiciera mucha más actividad física, entonces, los músculos compensan este aspecto postural. El problema con el que nos encontramos es que, en la actualidad, tanto los niños como los adultos llevamos una vida predominantemente sendentaria. Por esto es tan importante que tomemos conciencia sobre lo que implica la postura sedente en los niños y jóvenes para su desarrollo armónico y, en la vida adulta -que ya tenemos cerrado el cartílago de crecimiento- para el mantenimiento de la salud”, agrega Del Rosso.

“Ahora, lo que buscamos es que estos resultados a los que llegamos con nuestra investigación sean atendidos en políticas públicas. Sobre todo este nuevo paradigma, que intenta mejorar la postura sedente que necesitamos para prestar atención, porque baja el nivel de tensión muscular, permite un buen flujo sanguíneo y nos permite concentrarnos”, concluye la directora de la investigación.

FUENTE: Argentina Investiga

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