Los estudiantes argentinos terminan la secundaria con expectativas altas. El 85% afirma que quiere continuar estudiando y el 65% espera trabajar después de egresar. Más de la mitad imagina combinar ambas actividades.
Los datos surgen del informe Educación y trabajo: expectativa y realidad de jóvenes en Argentina, elaborado por Flavia Ferrari Inchauspe y Eugenia Orlicki para el Observatorio de Argentinos por la Educación.
Las autoras analizaron las respuestas de estudiantes del último año de secundaria en los cuestionarios complementarios de Aprender 2022 y las compararon con información de la Encuesta Permanente de Hogares de 2023 sobre jóvenes de entre 19 y 25 años.
La comparación no sigue a las mismas personas a lo largo del tiempo, pero permite reconocer la distancia entre las expectativas expresadas al terminar la escuela y las trayectorias educativas y laborales observadas posteriormente.
Según el informe de Argentinos por la Educación, entre los jóvenes de 19 a 25 años que finalizaron la secundaria solo el 38% continúa estudiando y una proporción equivalente trabaja.
La diferencia no expresa una falta de aspiraciones. Muestra los obstáculos que aparecen en la transición hacia la educación superior y el empleo.
Elegir en un escenario incierto
Otro estudio del Observatorio de Argentinos por la Educación señala que el 52% de los estudiantes argentinos de 15 años no logra identificar qué ocupación espera tener en la adultez.
El informe ¿Cómo imaginan los adolescentes su futuro laboral? fue elaborado por Guillermina Laguzzi, de la Organización de Estados Iberoamericanos; Juan Bonnin, investigador del Conicet y la Universidad Nacional de San Martín; y Martín Nistal y Eugenia Orlicki, de Argentinos por la Educación. El análisis utiliza respuestas de estudiantes que participaron de PISA 2022.
Según el documento, la incertidumbre asciende al 59% entre los jóvenes del quintil de menores ingresos y desciende al 39% entre quienes pertenecen al quintil más alto.
La falta de una respuesta definida no debería interpretarse como desinterés. Las ocupaciones cambian, aparecen nuevas especialidades y muchas trayectorias laborales dejaron de ser lineales. Al mismo tiempo, los estudiantes reciben información desigual sobre carreras, instituciones, becas y posibilidades de inserción.
Los puentes entre instituciones
La orientación puede ayudar a los jóvenes a explorar intereses y reconocer oportunidades. Para hacerlo necesita superar el formato de una charla aislada o un test vocacional aplicado al final de la secundaria.
Conocer ámbitos de trabajo, conversar con profesionales, visitar universidades, participar en proyectos y acceder a experiencias formativas permite construir decisiones con información más concreta.
La articulación entre escuelas secundarias, universidades, institutos superiores, centros de formación profesional y sectores productivos también puede reducir la distancia entre egresar y encontrar una oportunidad.
Las empresas y organizaciones pueden participar mediante mentorías, visitas, prácticas formativas y proyectos basados en problemas reales. Estas experiencias requieren objetivos pedagógicos, acompañamiento docente y condiciones que garanticen que todos los estudiantes puedan participar.
La vinculación no debería orientar tempranamente a los jóvenes hacia recorridos predeterminados según su origen social. Su propósito debe ser ampliar horizontes y ofrecer información, contactos y experiencias que suelen estar distribuidos de manera desigual.
Sostener la transición
Ingresar a una universidad o conseguir el primer empleo no asegura la continuidad. Los costos de transporte, materiales, conectividad y cuidado pueden interrumpir proyectos incluso cuando la matrícula es gratuita.
Las becas, tutorías, cursos de ingreso, sistemas de información y modalidades flexibles ayudan a sostener la transición. También resulta importante que las instituciones puedan identificar tempranamente a quienes dejan de asistir o encuentran dificultades académicas.
El informe de Ferrari Inchauspe y Orlicki muestra que solo el 13% de los jóvenes de entre 19 y 25 años con secundaria completa accede a un empleo considerado de calidad. Entre quienes no terminaron el nivel, la proporción desciende al 2%.
Completar la secundaria mejora las oportunidades, pero no elimina las desigualdades. Construir puentes más sólidos entre educación y trabajo requiere políticas públicas, instituciones educativas, empresas y organizaciones que asuman responsabilidades concretas.
Los jóvenes ya expresan su deseo de estudiar y trabajar. La agenda educativa debe concentrarse en crear las condiciones para que esas expectativas puedan transformarse en recorridos posibles.






















