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Una billetera virtual puede llegar antes que el primer sueldo. También una compra digital, una transferencia, una promoción financiera, una propuesta de inversión difundida en redes sociales o un intento de estafa. Buena parte de esas experiencias empieza a formar parte de la vida de los adolescentes mucho antes de que alcancen la autonomía económica.

Ese escenario fue uno de los puntos de partida de #DesafíoEscuelas, la iniciativa de Banco Galicia y Eidos Global que Sobre Tiza presentó recientemente y que invita a instituciones secundarias de todo el país a participar de una experiencia colectiva de educación financiera.

La propuesta se desarrolla a partir de Finanzas a Mano, una formación virtual, asincrónica y gratuita que trabaja sobre organización de las finanzas personales, ahorro, dinero digital, inversión, seguridad y toma de decisiones. Pueden participar estudiantes, docentes, directivos, personal de las instituciones y familias; quienes completan el recorrido reciben un certificado emitido por Galicia y Eidos Global con aval de la Universidad de Buenos Aires. Además, las dos escuelas que alcancen los mejores resultados en el desafío recibirán diez notebooks cada una.

Pero detrás de la convocatoria aparece una discusión más amplia: ¿qué significa hoy estar preparado para tomar decisiones financieras cuando el acceso a las herramientas digitales crece más rápido que los conocimientos necesarios para comprenderlas?

Más acceso no significa necesariamente más herramientas para decidir

Una investigación nacional publicada en 2024 permite dimensionar el cambio. Entre 2022 y 2024, la proporción de adolescentes que utilizaba billeteras digitales pasó del 51% al 89%. En el mismo período, la proporción de jóvenes que no contaba con ningún instrumento financiero cayó del 41% al 9%.

La expansión del acceso, sin embargo, no se traduce automáticamente en mejores conocimientos o prácticas. El mismo relevamiento encontró que 79% de los adolescentes considera que la escuela secundaria debería fortalecer la educación financiera. Al mismo tiempo, 56% afirma que estaría dispuesto a seguir consejos de inversión vistos en redes sociales para decidir qué hacer con sus ahorros.

Los números permiten observar una tensión importante para la escuela. Los adolescentes no están esperando a la adultez para comenzar a participar del sistema financiero: ya utilizan herramientas, reciben información y toman decisiones. La formación, en cambio, puede llegar después. Consultar el informe completo sobre adolescentes y finanzas en Argentina

Sobre esa brecha, Sobre Tiza conversó con Ignacio Dupuy de Lome, Analista Sr. de Impacto Social de Galicia, y Matías Córdoba, PM de Finanzas a Mano en Eidos Global, para profundizar en los desafíos educativos que están detrás de la iniciativa.

Aprender a decidir

—Muchas decisiones financieras empiezan a aparecer durante la adolescencia y se relacionan con cuestiones más amplias: estudiar, trabajar, ahorrar para un objetivo o proyectar cierta independencia. ¿Cómo se vincula la educación financiera con la autonomía y con la construcción del proyecto de vida?

—La autonomía financiera es, en el fondo, autonomía para tomar decisiones de vida. Cuando alguien entiende cómo armar un presupuesto, para qué sirve ahorrar, cómo comparar un crédito o cómo protegerse de una estafa digital, empieza a tener más control sobre decisiones grandes: qué estudiar, si mudarse o no, cómo planificar un objetivo a mediano plazo.

En Finanzas a Mano pensamos la educación financiera como una herramienta para la vida cotidiana, no como una serie de conceptos abstractos. Buscamos que cada persona pueda tomar decisiones responsables y sostenibles para alcanzar sus propias metas, sean cuales sean. Por eso el programa trabaja sobre situaciones concretas —organizar gastos, decidir si conviene un préstamo, planificar un ahorro— que son, en definitiva, parte de la construcción del proyecto de vida de cada joven.

La distinción resulta relevante. Enseñar educación financiera en la secundaria no supone formar especialistas ni trasladar al aula la complejidad completa del sistema financiero. Puede significar algo más elemental y, al mismo tiempo, decisivo: contar con algunas herramientas antes de que llegue el momento de utilizarlas.

Pero llevar esos contenidos a las escuelas presenta también dificultades pedagógicas concretas.

Cuando las finanzas se encuentran con Matemática

Tasas, porcentajes, proporcionalidad, intereses, comparación de alternativas y proyecciones forman parte de numerosos problemas financieros. Son, al mismo tiempo, conocimientos matemáticos en los que persisten dificultades de aprendizaje.

La relación entre ambos campos puede pensarse entonces de dos maneras. La falta de determinadas herramientas matemáticas puede convertirse en un obstáculo para comprender una decisión financiera. Pero una situación económica concreta también puede ofrecer un contexto para comprender por qué resulta necesario aprender determinados conceptos matemáticos.

—¿Cómo condicionan las dificultades en Matemática la enseñanza de educación financiera? ¿Puede trabajar sobre situaciones financieras concretas ayudar, a la inversa, a dar sentido a algunos aprendizajes matemáticos?

—Es una tensión real y la tenemos identificada. Cuando trabajamos con porcentajes, tasas o proporcionalidad en un contexto donde persisten dificultades en los aprendizajes de Matemática, el riesgo es que el contenido financiero se vuelva una barrera más en lugar de una puerta de entrada.

Por eso el diseño de Finanzas a Mano no parte de la fórmula sino de la situación: mostramos primero una decisión cotidiana —cuánto conviene pagar de un resumen de tarjeta, cómo comparar dos alternativas de ahorro— y el concepto matemático aparece como herramienta para resolverla, no como un obstáculo previo.

Y creemos que el camino también puede ser inverso: trabajar sobre situaciones financieras reales puede ayudar a que aprendizajes matemáticos que parecen abstractos empiecen a tener sentido porque se ven aplicados a algo que a los chicos y chicas les importa: su propia plata.

De la situación cotidiana al contenido

Esa decisión atraviesa también el diseño de Finanzas a Mano. El recorrido se estructura a partir de problemas como organizar ingresos y gastos, ahorrar para un objetivo, utilizar una tarjeta o reconocer un fraude digital, en lugar de comenzar por definiciones técnicas.

La formación permite avanzar a ritmo propio y no exige conocimientos financieros previos. Además incorpora a Lucca Mikash, un tutor basado en inteligencia artificial que, según explican los responsables del programa, busca acompañar de manera personalizada las consultas y utiliza una dinámica basada en preguntas para ayudar a trasladar los contenidos a situaciones concretas.

La incorporación de estas herramientas agrega otra dimensión al desafío pedagógico: no solamente qué contenidos enseñar, sino cómo construir distintos caminos de acceso para estudiantes que llegan con experiencias, conocimientos y relaciones con el dinero muy diferentes.

#DesafíoEscuelas introduce además una particularidad: el recorrido no está pensado únicamente para los estudiantes.

Cuando hablar de dinero deja de ser un aprendizaje individual

—¿Qué agrega involucrar a docentes, directivos, personal y familias en un aprendizaje que muchas veces se piensa como estrictamente individual?

—La educación financiera casi nunca se construye en soledad: se aprende también en las conversaciones familiares, en los hábitos que vemos en casa, en lo que charlamos con un docente o un compañero. Por eso Desafío Escuelas no está pensado solo para estudiantes, sino para toda la comunidad educativa.

Esa dimensión colectiva agrega algo que un curso individual no puede dar: primero, ancla la conversación sobre el dinero en el vínculo cotidiano entre estudiantes y sus familias, en lugar de dejarla encerrada en el aula; y segundo, multiplica el impacto, porque cuando aprende toda una comunidad, el aprendizaje se sostiene y se refuerza entre sí.

Es, en definitiva, correr a la educación financiera del lugar de responsabilidad individual y devolverla al lugar donde efectivamente se construye: en comunidad.

La afirmación introduce una cuestión que excede a Desafío Escuelas. Buena parte de la relación con el dinero se aprende antes y fuera de cualquier curso: observando qué hacen los adultos, participando de conversaciones familiares, enfrentando decisiones cotidianas o recibiendo información de pares y redes sociales.

La escuela puede aportar otra posibilidad: convertir algunas de esas experiencias en objeto de análisis, proporcionar conceptos para comprenderlas y generar un espacio donde las decisiones financieras puedan discutirse antes de tener que enfrentarlas en soledad.

Cuando quien enseña también forma parte del sistema financiero

Existe, sin embargo, otra tensión que una iniciativa de estas características necesita hacer explícita. Galicia no es solamente una organización que promueve un programa educativo: es una entidad que participa del propio sistema financiero sobre el cual se busca enseñar.

—¿Cómo se construye una propuesta que aproveche el conocimiento específico de una entidad financiera sin convertir la educación financiera en promoción de sus productos o servicios? ¿Qué aporta Eidos Global a ese equilibrio?

—Es una pregunta que nos hacemos permanentemente y que tomamos muy en serio. Finanzas a Mano no promociona productos ni servicios de Galicia: los contenidos hablan de conceptos generales —qué es una tasa, cómo comparar alternativas, cómo protegerse de un fraude— y no de productos específicos del banco.

Lo que sí aprovechamos es el conocimiento del sector financiero para que esos contenidos sean rigurosos y estén actualizados a los riesgos reales que hoy enfrentan los jóvenes, como la ciberseguridad, las estafas digitales o la ludopatía. Ahí es donde el rol de Eidos Global es clave: aporta el diseño pedagógico que traduce ese conocimiento técnico en un lenguaje y un formato pensado para adolescentes, sin caricaturizarlo ni convertirlo en propaganda.

Ese equilibrio constituye un aspecto central para cualquier articulación entre educación y actores privados. El conocimiento específico de un sector puede enriquecer una propuesta educativa, pero necesita estar subordinado a objetivos pedagógicos que permitan a los estudiantes comprender alternativas y desarrollar criterios propios, no solamente aprender a utilizar determinados servicios.

¿Cómo saber si hubo aprendizaje?

La competencia puede facilitar la movilización inicial de las escuelas, pero cantidad de inscriptos y aprendizaje no son necesariamente equivalentes.

Según explicaron los responsables del programa, Finanzas a Mano incorpora evaluaciones antes y después del recorrido para observar cambios en cinco dimensiones: planificación financiera, ahorro, inversión, uso de productos y seguridad. En el caso específico de #DesafíoEscuelas, se observa además cuántas personas de cada comunidad se involucran y cuántas completan la formación.

La pregunta por el impacto adquiere especial importancia si se pretende que la educación financiera trascienda una experiencia puntual.

—Si Desafío Escuelas logra instalar esta conversación entre estudiantes, docentes y familias, ¿qué debería ocurrir después? ¿Qué puede dejar la experiencia para pensar una incorporación más sistemática de estos contenidos en la secundaria?

—Si logramos instalar esa conversación, el paso que sigue es no dejar que dependa de una competencia puntual. Nos gustaría que esta experiencia sirva como evidencia de que la educación financiera funciona mejor cuando se aborda de manera colectiva y sostenida, y que eso alimente una discusión más amplia sobre su incorporación sistemática en la escuela secundaria: como contenido transversal, con acompañamiento docente y con mediciones que permitan ver el impacto real en el tiempo, no solo durante la competencia.

Desafío Escuelas nos deja aprendizajes muy concretos para ese camino: qué formatos generan compromiso, cómo involucrar a las familias, qué contenidos resuenan más. Esa base es la que queremos poner a disposición de otras instituciones y, eventualmente, de políticas públicas educativas.

La educación financiera difícilmente pueda resolverse mediante un único recorrido formativo. Como señalamos al presentar la convocatoria, requiere continuidad, articulación con otros aprendizajes y oportunidades para utilizar esos conocimientos en situaciones reales.

Pero la velocidad con la que los adolescentes están ingresando al mundo financiero digital agrega una urgencia particular: muchas de las decisiones para las que buscamos prepararlos ya comenzaron a aparecer.

La pregunta para las escuelas quizás ya no sea solamente cuándo incorporar educación financiera, sino cómo construir experiencias que permitan aprender a decidir antes de que la única maestra termine siendo la experiencia.

Las instituciones secundarias interesadas en participar de #DesafíoEscuelas pueden conocer la propuesta y realizar la inscripción en su sitio oficial: www.desafioescuelasfinanzasamano.org

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