Aprender jugando, también en vacaciones

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El receso escolar de verano es también un tiempo de reencuentro para las familias. Con más tiempo para compartir, grandes y chicos buscan alternativas para jugar y también para seguir aprendiendo. Alejandra Perinetti, Directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, afirma que niñez y juego son dos categorías que se asocian directamente. “Así como en el mundo adulto el trabajo es uno de los ejes que estructura la vida, en la infancia el juego es central para el desarrollo y el crecimiento”, explica.

El juego puede ser sencillo, pero se complejiza a medida que los niños crecen. A través de éste se relacionan con el entorno, aprenden a sortear obstáculos, a enfrentar desafíos, a explorar, descubrir, experimentar. Es así como desarrollan su coordinación psicomotriz, estimulan el lenguaje, interactúan con otros, expresan diferentes emociones, aprenden a comunicarse.

La familia ocupa un rol fundamental para potenciar las diferentes áreas de desarrollo. Por ello, debemos partir de vínculos afectivos consolidados entre sus integrantes. El juego es una excelente herramienta para establecer un particular modo de vincularse.

“A través del juego los adultos podemos presentar el mundo, transmitir valores, normas y límites, inculcar el respeto, el reconocimiento de las emociones, sentar las bases que influenciarán la manera de ser y actuar de los niños.”, señala Perinetti.

Para los chicos, ya sean en casa, en la playa o en cualquier espacio abierto, las vacaciones representan una oportunidad para afianzar los contenidos aprendidos a lo largo del año y también para aprender otras cosas que no sean las que ofrece la escuela. Es un momento en el que puede potenciarse la curiosidad y la creatividad.

“En estas semanas de receso, es ideal realizar actividades que se distancien de las rutinas escolares y que, al mismo tiempo, promuevan conocimientos valiosos para los niños”, remarcó María Fernanda Díaz, jefa del Área de Desarrollo Pedagógico de Colegium.

Visitar museos con el objetivo de recordar hitos históricos aprendidos en la escuela; reservas naturales y parques, donde podrán ver especies de la flora y de la fauna que solo han visto en los libros de ciencias, son sólo algunos ejemplos. “Idealmente, los espacios de recreación que se elijan deben ser estimulantes para el niño”, agregó la profesional.

Además, agregó que la tecnología puede funcionar como un puente para reforzar y/o consolidar aprendizajes, así como también habilidades cognitivas, y la motivación de los niños. Se puede partir de la elección de plataformas, programas y sitios web que dispongan de juegos, información e interacciones en los que se estimule la utilización de conocimientos previos para poder resolver y desarrollar los distintos ejercicios.

“Un buen ejemplo de ello son los juegos de estrategia que implican un trabajo lógico y en los que se pone en marcha la comprensión y la toma de decisiones”, finalizó la jefa del Área de Desarrollo Pedagógico de Colegium.

En este sentido, la empresa Educabot aprovecha esta época del año para abrir su Colonia Tecnológica. La propuesta integra el espíritu recreativo de una colonia de verano con un laboratorio de experimentación tecnológica en un ambiente flexible, llevada adelante por especialistas en educación y robótica.

“Nuestro objetivo es que los chicos conozcan la robótica y la programación para que, además de ser consumidores de tecnología, puedan usarla de manera activa y creativa. En la Colonia aprenden a diseñar sus propios prototipos y proyectos, a programar videojuegos, conocen el funcionamiento de un dron. Esto los acerca de una manera divertida a lenguajes tecnológicos que son fundamentales para hoy y para el futuro”, comenta Matías Scovotti, CEO y cofundador de Educabot.

“Es fundamental que socialmente recuperemos el valor del juego, aprovechar el receso escolar para poner en valor el tiempo, para compartirlo y construir anécdotas memorables. Hacer del tiempo de juego un tiempo productivo, de estimulación y distención sin importar la edad de quienes jueguen. Recuperar como adultos el valor del juego para gestionar y transformar emociones negativas, disminuir el estrés, fortalecer las relaciones interpersonales y ganar en calidad de vida, ese es el regalo que las vacaciones nos dan”, concluyó Perinetti.

 

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