De la simpleza de la anécdota a una experiencia emocional. Desarraigo y vocación en una voz propia

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A veces la cartelera porteña nos ofrece espectáculos distintos que nos dejan preguntas en el aire y nos interpelan desde otros lugares. A veces nos enfrentamos con obras que, sin cumplir con nuestras expectativas, nos atraviesan de alguna manera.

En “Yo tenía un plan” un actor (Juan Zuluaga Bolívar) y una actriz (Emilia Rebottaro) reconstruyen su infancia y los primeros pasos en el mundo del teatro al mismo tiempo que resignifican el espacio de la Ciudad de Buenos aires desde una mirada externa. Él viene de Colombia y ella de un pueblo del interior de la provincia. Extranjeros en una ciudad que te puede devorar, finalmente se quedaron y encontraron una profesión con la que son felices. ¿Qué planes tenían en mente cuando eran adolescentes? ¿Qué imaginarios los atravesaban? ¿Qué lugar ocupaba el teatro en sus vidas? ¿Qué cosas logran conmoverlos y enojarlos? ¿Cómo se vive el desarraigo? Son algunas de las cuestiones que están presentes en la pieza.

“La vida no es lo que hemos vivido sino lo que recordamos de ella”, dice uno de ellos y podemos preguntarnos si acaso todo recuerdo, en parte, no es una ficción. Al poner en palabras momentos y anécdotas pasadas interviene la resignificación y en esa operación se elige inevitablemente algunas cosas en detrimento de otras. Todo recuerdo entonces parece ser una construcción desde un presente determinado y, en tanto tal, se ficcionaliza. Más aún en el teatro donde las propias características del dispositivo teatral vuelven ficción aquello que se narra aunque se trate de una historia “real”.

Al mismo tiempo, ellos reconstruyen su trayectoria como actores, haciendo manifiesto su rol, de manera que la obra funciona de manera metadiscursiva. Y si bien la separación entre escenario y espectadores no se rompe, la decisión de mantener iluminado el espacio de la platea hace que la relación con ellos se acerque más a una conversación.

“Yo tenía un plan” habla del desarraigo, de los sueños que teníamos de chicos y de los planes que no se pueden cumplir, de los acontecimientos que cambian esa trayectoria que habíamos imaginado, del teatro como forma de vida.

Los sábados a las 21.30 en Timbre 4, a la gorra.

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