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El Segundo Encuentro Anual del Hub EdTech, impulsado por CESSI, reunió el 29 de octubre a referentes de instituciones educativas, empresas y organizaciones vinculadas con tecnología, formación y empleo.

En la apertura, CESSI planteó la necesidad de sostener un espacio de articulación entre actores que intervienen en distintos momentos de las trayectorias educativas y laborales. La conversación se organizó alrededor de problemas que hoy atraviesan a escuelas, instituciones de educación superior y organizaciones vinculadas con la formación y el empleo, con la intención de convertir esas preocupaciones en ejes de trabajo para 2027.

El encuentro propuso tres preguntas de partida. En Inicial y Primaria, qué aprendizajes de base no pueden delegarse y cómo hacerlos visibles; en Secundaria y Educación Superior, cómo observar el proceso de pensamiento cuando la inteligencia artificial puede entregar un resultado; y en Workforce, qué sabe hacer efectivamente una persona al egresar y cómo puede demostrarlo.

K12: sostener los aprendizajes que hacen posibles otros aprendizajes

En las conversaciones vinculadas con Inicial, Primaria y Secundaria apareció una preocupación común por aquellos aprendizajes que funcionan como base para seguir aprendiendo.

Lectura, escritura, comprensión, razonamiento, autonomía y capacidad de formular preguntas fueron señalados como capacidades que requieren una enseñanza intencional y que no deberían quedar desplazadas por la incorporación de nuevas herramientas.

La discusión sobre tecnología quedó así ligada a una pregunta pedagógica anterior: qué necesita aprender un estudiante en cada etapa y qué tipo de mediación requiere para hacerlo.

En los primeros años surgió especialmente la necesidad de pensar una incorporación gradual de las tecnologías, atendiendo a las edades, los propósitos de uso y el desarrollo de la autonomía. No se planteó una oposición simple entre pantallas y enseñanza, sino la necesidad de definir cuándo una herramienta amplía una experiencia y cuándo puede interferir con procesos que todavía necesitan otras formas de trabajo.

En Secundaria, esta preocupación empieza a cruzarse con otro problema: cómo sostener la construcción de pensamiento propio cuando los estudiantes tienen acceso a herramientas capaces de producir respuestas completas en segundos.

Educación superior: evaluar procesos cuando la IA puede producir resultados

La inteligencia artificial concentró buena parte de la discusión en Secundaria y Educación Superior, pero el problema señalado por los participantes excedió a la herramienta.

Si una respuesta correcta puede ser generada automáticamente, el resultado final deja de ser evidencia suficiente para saber qué comprendió una persona y cómo llegó hasta allí.

De esa preocupación surgieron distintos ejes: revisar formas de evaluación demasiado centradas en el producto terminado, recuperar instancias orales, trabajar con proyectos y problemas abiertos y generar situaciones que permitan observar decisiones, argumentos, procedimientos y revisiones.

La evaluación aparece así menos como un momento posterior al aprendizaje y más como una oportunidad para hacer visible el proceso.

Las conversaciones también marcaron la necesidad de fortalecer la formación docente y construir criterios institucionales para el uso de inteligencia artificial. Las instituciones empiezan a necesitar acuerdos sobre qué usos resultan pertinentes, qué debería explicitar un estudiante y qué capacidades interesa preservar o desarrollar aun cuando determinadas tareas puedan resolverse con asistencia tecnológica.

Pensamiento crítico y metacognición aparecen en este escenario como capacidades centrales: no alcanza con obtener una respuesta, también importa poder analizarla, cuestionarla, explicar cómo se llegó a ella y decidir si resulta adecuada.

Workforce: del título a la evidencia de lo que una persona sabe hacer

En las mesas vinculadas con empleabilidad y talento, la discusión se desplazó hacia el pasaje entre educación y trabajo.

Una de las preocupaciones recurrentes fue la distancia que puede existir entre una credencial y aquello que una persona es capaz de hacer en situaciones concretas.

El problema no implica desconocer el valor de títulos y certificaciones, sino preguntarse qué otras evidencias pueden acompañarlos: proyectos, resolución de desafíos, experiencias prácticas, portfolios y otras formas de demostrar habilidades.

La expansión de la inteligencia artificial agrega una dimensión a esa discusión. Si algunas tareas pueden automatizarse, las capacidades vinculadas con identificar problemas, evaluar información, tomar decisiones, trabajar con otros y utilizar herramientas con criterio adquieren mayor relevancia.

También surgió la necesidad de mejorar la articulación entre instituciones educativas, empresas y organizaciones vinculadas con la inserción laboral, especialmente en los primeros empleos y en las transiciones entre formación y trabajo.

Una preocupación compartida

Aunque las conversaciones partieron de momentos diferentes de las trayectorias, varios temas terminaron conectándose.

En K12 aparece la necesidad de consolidar aprendizajes fundamentales y autonomía. En educación superior, el foco se desplaza hacia cómo hacer visible el pensamiento y revisar la evaluación. En workforce, la pregunta pasa por cómo demostrar capacidades en contextos reales.

Detrás de esas diferencias aparece una inquietud común: qué capacidades necesitan las personas para aprender, tomar decisiones y desenvolverse en escenarios en los que la tecnología modifica tanto las formas de acceder a información como las de estudiar y trabajar.

Formación docente, evaluación, alfabetización digital, pensamiento crítico, metodologías activas y articulación entre educación y empleo aparecen así como posibles líneas de continuidad para el Hub EdTech.

Las propuestas elaboradas durante el encuentro serán sistematizadas y utilizadas como insumo para definir la agenda de trabajo del Hub durante 2027.

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