Presencialidad total, emociones, y el desafío de la revinculación

A pocas semanas del fin de ciclo lectivo, Sobre Tiza dialogó con la especialista en Gestión Educativa, María Lorena Vaccher, acerca del impacto en los entornos de los chicos a la hora de regresar a la presencialidad total.

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Estamos a pocas semanas de que finalice el segundo ciclo lectivo desde que inició la pandemia. El avance de la vacunación permitió que, poco a poco, las diferentes áreas de la vida comenzaron un lento retorno a la “normalidad” y también que las familias debieran adaptarse nuevamente a los hábitos previos al COVID-19.

Si tomamos en cuenta los datos del Observatorio de Argentinos por la Educación, el 2021 ha sido el año de la bimodalidad: 8 de cada 10 (82%) escuelas primarias estatales combinaron clases presenciales y virtuales. Aunque hubo un incremento de la presencialidad tras el receso invernal, en la segunda mitad del año aún había un 47,5% de escuelas que mantenían la bimodalidad, mientras que un 5,6% dictaba clases en formato exclusivamente virtual. Solo en 2 de cada 10 escuelas (21,8%) no hubo interrupciones a la presencialidad. En el otro extremo, hubo una proporción similar (22,5%) de escuelas que tuvieron más de dos meses de interrupción de clases presenciales.

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¿Qué sucedió en las escuelas a la hora de regresar a la presencialidad total? Para responder a este interrogante, y conocer más acerca de los efectos de la cuarentena y los posibles cambios en los entornos de los chicos con el regreso a la presencialidad tras un año de aprendizaje virtual, Sobre Tiza dialogó con la especialista en Gestión Educativa, María Lorena Vaccher.

“Una de las primeras cosas que se visualizó, y que impactó en el retorno, tenía que ver con la revinculación”, aseveró. Asimismo, este proceso tuvo desafíos específicos en cada nivel educativo.

Educación primaria

«En el caso de la educación primaria, la revinculación fue más fácil en aquellas escuelas en las que se trabaja con las emociones, es decir, aquellas que le dan lugar al cómo me siento o cómo estoy. No sólo estaban escribiendo, poniendo en papel, sino también expresando a través de juegos. De ese modo, se pudo aprovechar el espacio para vincularse con el docente y generar esa situación propicia para el aprendizaje”, detalló. Además, añadió que trabajar con rutinas de pensamiento también facilita la comprensión de la situación que se está viviendo.

Asimismo, especificó a Sobre Tiza que “para los chicos de primer año de educación primaria, las dificultades fueron respecto a los hábitos”. En un contexto prepandemia, las maestras se enfrentaban a un escenario en el que los niños y las niñas contaban con un proceso de adaptación para pasar de nivel inicial a la primaria, incluso cambiando de escuela o edificio. En cambio, durante la pandemia, ese proceso suponía empezar a trabajar desde las aulas de otra manera, ya que el haber estado tanto tiempo frente a las pantallas hizo que la forma de conectarse y revincularse fuera distinta.

“Muchas de las estrategias que se utilizaron tuvieron que ver con los hábitos, trabajándose a través de los juegos, a partir de los cuales se generaron espacios más propicios y seguros para lograr mayor aprendizaje”, dijo y señaló que, “si bien hay chicos que aún les cuesta, ayudó el impulso de la fuerza de querer estar con amigos”.

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Educación secundaria

Para la especialista, en el regreso a las aulas del nivel secundario, se trabajaron los hábitos, pero desde el fortalecimiento de las reglas de convivencia. “Se tuvieron que redefinir pautas para volver a reforzar los hábitos, por ejemplo, al salir cuando toca el timbre o el respeto y el reconocimiento al docente o a los compañeros”.

“En algunos casos, también se tuvo que trabajar con casos de depresión o angustia e incluso asuntos referidos a la alimentación, situaciones que suelen presentarse en la adolescencia, pero ahora era más notorio, porque habían estado conviviendo con sus padres 24/7, aspecto que afectó los vínculos familiares”, agregó.

Pero los estudiantes no son los únicos que tuvieron que readaptarse. “Hay muchos docentes fatigados, a quienes se les hace más cuesta arriba motivar a los y las alumnas”. Además, “a esta altura del año, se empiezan a manifestar síntomas de cansancio y fatiga lógica, pero, en este caso, sensaciones exacerbadas por alumnos, alumnas y profesores, que no sólo tuvieron que reinventar sus prácticas sino también se enfrentaron a la exigencia de empezar a trabajar de una manera distinta, lo que implicó cambiar las reglas de juego”, expresó Vaccher. La especialista aseguró: “Hoy las aulas están estresadas. Desde el punto de vista de las emociones hace que el aprendizaje no suceda. Además, estamos en período de evaluación, lo que también genera un clima escolar más enrarecido de lo que venía siendo”.

Así las cosas, 2021 finaliza como un año de transición o híbrido entre lo que fue la virtualidad de la cuarentena y la presencialidad de un retorno a una posible “normalidad”. Todo hace prever que, en 2022, habrá un regreso total a las aulas, pero la pandemia aún no da tregua, poniendo en duda cualquier programación escolar. Por ello, habrá que esperar y, mientras tanto, seguir aprendiendo de tiempos dinámicos e imprevisibles.

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