Invitada por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la Doctora en Filosofía, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, Diana Maffía, ofreció una conferencia virtual el pasado 27 de octubre, titulada “Violencia simbólica: cómo se construyen los estereotipos de género”. El evento fue transmitido en vivo por el canal Youtube de la UNC y contó con la participación de casi 500 personas.

La charla de la especialista estuvo organizada por la Unidad Central de Políticas de Género (UNICEPG) y se inscribe entre las acciones que se vienen desarrollando en la UNC tendientes a implementar en esta casa estudios la Ley Micaela, norma nacional que establece la capacitación obligatoria en materia de género.

En su discurso, Diana Maffía hizo mención al proceso histórico de construcción de los estereotipos de género, y explicó el alcance y significado de diversos conceptos centrales, tales como el de género, violencia simbólica, sexismo y androcentrismo, entre otros.

“Lo que define al género no es la constitución física de los individuos, sino esa acción simbólica colectiva, ya que mediante los procesos de construcción del orden simbólico, se organiza lo que deben ser los hombres, las mujeres y las diversidades”, aseguró la especialista.

A la pregunta de cómo intervienen los saberes en la naturalización de las jerarquías desiguales de género, la académica mencionó que, en un primer momento, las diferencias biológicas y psicológicas entre hombres y mujeres fueron señaladas y presentadas como naturales e inevitables. En ese sentido señaló que, en la Modernidad, tanto la ciencia, como la filosofía y la teología, participaron de esa naturalización y, por lo tanto, de los estereotipos derivados de las diferencias biológicas y psicológicas.

“Luego -indicó- toda diferencia fue transformada en una jerarquía”. Esa jerarquización de las diferencias constituyó un segundo paso, en el que las características femeninas fueron valoradas como inevitablemente inferiores a las masculinas. “Se transforma la diferencia en jerarquía, y esa jerarquía es transformada en primacía de la masculinidad”, sintetizó.

Sexismo, androcentrismo y políticas feministas

Otro de los conceptos que desarrolló Maffía fue el de sexismo, caracterizado como “esa asignación de capacidades y roles diferentes a varones y mujeres a partir de los atributos biológicos, donde se desvalorizan las acciones de las mujeres frente a los varones”. Y agregó que las acciones de éstos últimos son las que “se consideran relevantes, y definen la situación de inferioridad, subordinación y explotación a la que las mujeres somos sometidas”.

Advirtió que esa actitud sexista se expresa en prácticas y preconceptos que muchas veces son formados y transmitidos en el ámbito académico. “En las universidades llevamos adelante estas prácticas discriminatorias y marginalizantes hacia las mujeres. Pero también reproducimos los saberes que justifican esas prácticas”, alertó.

Asimismo, vinculó al androcentrismo con “la centralidad de una masculinidad privilegiada”, y lo definió como “el análisis de las relaciones entre los sujetos sociales desde una única perspectiva: la del sexo masculino”. Pero precisó que no se trata de cualquier varón, sino sólo de algunos a los que se considera “centro y la medida de todas las cosas”, caracterizados como adultos, libres, ciudadanos, propietarios, heterosexuales, blancos, occidentales y alfabetizados.

Mencionó además la importancia de diferenciar ambos conceptos. El sexismo “prioriza lisa y llanamente el sexo masculino sobre el femenino, alude a las mujeres y a las niñas en condiciones de exclusión, discriminación, de estereotipo y minusvalía, pero las menciona, las enuncia. Por lo tanto, en el sexismo, las mujeres podemos leernos y ser vistas en esa inferioridad, y revelarnos”.

Mientras que consideró al androcentrismo como un concepto más amplio, que contiene al sexismo, junto con otros modos de exclusión, pero no alude a las mujeres, niñas ni a otro grupo subalterno. “Ninguna otra masculinidad es vista ni nombrada más que la del ‘andros’, que transforma sus propias experiencias e intereses en universales, sustituyendo las alteridades y silenciándolas. Por lo tanto, el androcentrismo, que aparece como un punto de vista neutral, objetivo, racional y universal, es un punto de vista riesgoso del cual cuesta mucho trabajo salir, porque no enuncia a quienes quedan fuera, sino que impone como universal el punto de vista del varón privilegiado”.

Apuntó además que el androcentrismo se relaciona con un determinado estereotipo de sexualidad humana, percibida como binaria (varón-mujer), negando realidades contempladas por la legislación, como el matrimonio igualitario y la ley de identidades de género, pero también otras que van más allá de la legislación vigente, como la gestación de varones trans y el tipo de licencias que les deben ser otorgadas.

En otro tramo de su disertación, Maffía se refirió críticamente a las políticas “ginopes”, a las que definió como aquellas que no sólo no incluyen a las mujeres sino que invisibilizan dicha exclusión, mencionando como ejemplo la Ley Sáenz Peña de “voto universal”; como así también a aquellas políticas focalizadas en las mujeres que, en el corto plazo pueden representar una ayuda o solución, pero terminan reforzando y reproduciendo los roles tradicionales de género, tales como las licencias por maternidad.

En ese sentido, destacó la necesidad de poner en práctica verdaderas políticas feministas, que tengan en cuenta las diferentes desigualdades y los múltiples aspectos que constituyen la identidad de las personas, y no sólo el género.

Marcela Lagarde y de los Ríos, también presente

La conferencia de Maffía fue precedida por la participación de la antropóloga feminista mexicana, Marcela Lagarde y de Los Ríos, quien reflexionó en torno a la necesidad de “ir hasta la raíz de las violencias” como condición necesaria para construir una cultura de convivencia cotidiana pacífica, y de respeto a la libertad y dignidad de las mujeres.

“Son urgentes los derechos humanos para las mujeres”, quienes, enfatizó, “hoy reciben un trato inhumano”. “El miedo está en el horizonte, en el pasado y el presente. Anhelamos una vida libre de miedo y violencias”. Indicó que un mundo mejor es posible sólo de la mano de “un cambio cultural y civilizatorio, un cambio radical no violento y democrático”, al tiempo que recordó que los feminismos promueven “una cultura de la paz y la legalidad”.

En su mensaje, destacó la necesidad de “despatriarcalizar al mundo y los Estados nacionales”, y mencionó el rol central de las universidades en la formación de profesionales con perspectiva de género, y la inclusión del conocimiento y saberes feministas en el espacio académico.

Finalmente, saludó la implementación obligatoria de la Ley Micaela a nivel estatal y en las casas de altos estudios, y realizó un llamado a la incorporación de la palabra “feminista” en dicha normativa, para que “no quede invisibilizada” y de cuenta de que la “capacitación ofrecida parte de la filosofía feminista”. También propuso recuperar en la normativa la bibliografía de intelectuales y activistas claves en la historia del feminismo, quienes lideraron procesos que tienen impacto en la actualidad, tales como la sudafricana Diana Russel, la italiana Rossana Rossanda, y la francesa Gisèle Halimi, entre muchas otras mentoras.

Lagarde estuvo a cargo de la primera conferencia llevada a cabo durante el mes de octubre (el miércoles 7), e integra un ciclo de disertaciones virtuales desarrolladas en la UNC con el objetivo de contribuir a la sensibilización y formación de la comunidad universitaria en temáticas de género y violencias contra las mujeres e identidades diversas.

La de Diana Maffía fue la segunda charla prevista en el marco de dicho ciclo, oportunidad en la que estuvieron presentes también la doctora en Filosofía de la UNC, Patricia Morey, quien presentó a la académica e investigadora de la Universidad de Buenos Aires; Analía Barrionuevo, coordinadora la Unidad Central de Políticas de Género de la UNC; y la periodista “Pate” Palero, a cargo de la conducción de la conferencia. El encuentro contó además con interpretación de lengua de señas argentina.

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