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Uno de los grandes desafíos que planteó la Ley de Educación Nacional fue la obligatoriedad de la secundaria. No obstante, el deber del Estado de garantizar el derecho a la educación de todos los niños, niñas y adolescentes no se acaba sólo en su escolarización, aunque el acceso y la infraestructura también son cuestiones a resolver, sobre todo en la modalidad rural.

Los adolescentes que viven en zonas rurales aisladas forman parte del núcleo duro más difícil de escolarizar, al tiempo que contar con equipos docentes capaces de potenciar mejores aprendizajes tampoco resulta tarea sencilla. En los últimos 5 años, hubo un incremento del 13,8% en la cantidad de alumnos secundarios de escuelas rurales, casi el doble que en contextos urbanos (7%).

El fin no es sólo la escolarización, sino garantizar el derecho de todos los alumnos a una educación de calidad. Tenemos alumnos del siglo XXI, entonces necesitamos docentes del siglo XXI y esto no es un eslogan, necesitamos otro tipo de manejo del espacio y del tiempo para permitir que cada alumno aprenda y pueda convertirse en la mejor versión de sí mismo”, afirma Victoria Zorraquín, Directora Nacional de Escuelas Agrarias y Rurales del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Otro dato que llama la atención es el aumento de un 42,3% en los cargos docentes de esta modalidad y nivel, comparado con el 23,4% de las zonas urbanas. La educación rural creció en términos relativos más que la urbana, aunque en términos absolutos sea significativamente menor. Lo que no es menor, es el esfuerzo de los estados provinciales y nacionales por llegar a cada una de estas poblaciones, dado que 9 de cada 10 escuelas rurales es de gestión estatal.

Al recorrer las escuelas del país –señala Zorraquín- vemos estos esfuerzos a diario. Cada uno de los miembros de la comunidad, cada alumno, hace un gran esfuerzo por llegar a la escuela, pero esto no siempre es suficiente. Las desigualdades y la inequidad no se resuelven con más esfuerzos de los alumnos. Hoy la escuela nos está pidiendo a los docentes dar otro salto, nos pide que innovemos para pensar en nuevas soluciones a problemas que nos exceden”.

La especialista afirma que es necesario rediseñar el sistema educativo, pensando en los desafíos a los que nos convoca el futuro. “Tenemos un nuevo tipo de aprendiz, necesitamos un nuevo tipo de aula y un nuevo diseño de tareas. No necesitamos más un docente solo frente al aula. Necesitamos equipos de docentes. Uno solo no puede”, subraya.

El desencuentro entre los adolescentes y la escuela demanda alternativas para favorecer el proceso de aprendizaje que estén a la altura de estos nuevos sujetos aprendices. “Desde las aulas, a la política, tenemos que ser capaces de tender puentes que permitan a los alumnos desarrollar mejores trayectorias y convertirse en lo que sueñan ser. No sólo debemos buscar nuevas respuestas, sino también nuevas preguntas que nos convoquen a encontrar aquellas limitaciones propias de nuestro sistema educativo, a fin de construir juntos un nuevo sistema que nos encuentre a todos aprendiendo en una escuela que enseña más y mejor por más tiempo”.

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