Educación, no calles

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Por Lucas Esteban Delgado, director de Sobre Tiza.

La “educación” es el gran problema y la gran solución de todo y para todo. A la pregunta “por dónde empezar a mejorar la sociedad”, se responde «por la educación»; a la de “cómo formar nuevos profesionales para las demandas del mercado actual”, se responde “a través de la educación”. Pero luego se reduce educación a escuela, escuela a docentes, docentes a instructores, instructores a reproductores de contenidos, contenidos que no presentan las huellas de su producción, producción que invisibiliza su carácter político, política que confunde libertad con adoctrinamiento, autonomía con repetición.

Así pasamos por los niveles educativos, aprendemos el oficio del alumno, el discurso del estudiante, la docilidad necesaria del acatamiento y también aprendemos a callar y no mencionar eso que debe seguir manteniéndose oculto. La escuela, tal como fue concebida y tal como la mayoría de nosotros puede pensarla, reproduce no solo las desigualdades sociales, sino que también construye tabúes, convierte a la sociedad en un experimento inconcluso de un ideal, de una utopía, en un horizonte tan imposible que se olvida a sí misma como conjunto, como unidad, como universo.

En la escuela poco se habla de sexualidad, en la escuela poco se dice sobre los modos de concebir la identidad de niñxs, adolescentes, jóvenes y adultxs. Y si se habla, siempre hay conflicto. Si la escuela no nos ayuda demasiado a desarrollar nuestra más íntima subjetividad, si eso no es considerado como parte de nuestra educación como individuos, dónde se encuentran las posibles respuestas a las preguntas acerca de la identidad, la sexualidad, el crecimiento…

Estos tabúes se responden de maneras muy diversas. A veces entre pares, a veces con adultos en quienes lxs chicxs confían, pero también -y hoy más que nunca- se responde a través de los consumos culturales, de las plataformas, de los sitios web, de la navegación individual, en definitiva, a través de las pantallas. Pero, así como podemos encontrar material muy valioso también podemos caer en algunas webs de referencia como WikiHow, en donde los usuarios proponen tutoriales sobre cualquier cosa, por ejemplo, cómo mejorar las relaciones sociales.

En el plano cultural se generan discursos, productos, entornos, escenarios, se proponen modos de interactuar, se consolidan estereotipos… y también se ofrece un escape a lo establecido. Sobre Tiza ha decidido apostar a la apertura de una nueva sección a la que hemos denominado “Cultura”. Tan general y tan vaga, esa palabra encierra muchos sentidos posibles. Creemos que  algunas expresiones que escapan al orden de lo escolar, como lo son la música, el teatro y el cine, nos permiten comprender dónde puede estar ese punto de fuga para decir algo distinto, para dar cuenta de cómo esos tabúes pueden aprovechar los mismos recursos semióticos para articularlos en pos de una propuesta superadora, no-pedagógica, sino emancipadora.

En los últimos meses hemos compartido comentarios acerca de algunas obras teatrales que han propuesto una mirada diferente, sobre todo, acerca de cómo se han naturalizado estas posiciones relativas a la cuestión de género y también la violencia diaria, que parece ser la que más cuesta desterrar de nuestros aprendizajes a lo largo de la vida (recomendamos el post de Hernán Casciari y su #MeHagoCargo). Nuestra flamante editora de la sección Cultura, Mariana Turiaci, con un ojo agudo y con una trayectoria de investigación frente a estas cuestiones, nos ofrece una mirada sobre aquello que no está siendo tomado en la escuela, en la educación en general, entendida desde la familia a las instituciones educativas en su conjunto. Los invito a conocer algunas de sus notas para comprender cómo algunos autores, artistas y directores están tomando al teatro como un medio para expresar eso que no se acostumbra decir.

“Celebremos entonces un teatro que pone en escena estos temas porque permite la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos en esas situaciones y, en ese encuentro, cuestionar y cuestionarnos, desnaturalizar y construir otro camino”, afirma respecto de la presentación de “El sabor” (ver Escenas de las micro violencias cotidianas).

Por otra parte, podemos tomar todo el texto de “Trópico del Plata” (ver Descarnados retazos de un disfraz hecho cuerpo), para dar cuenta cómo la violencia contra la mujer está arraigada también en emociones tan fuertes e importantes como el amor. Y en el disfraz de la fantasía se oculta aquello que es piel en cada uno, aquello que revive los fantasmas aprendidos como realidades en los manuales escolares (ver Un refugio para el dolor del crecimiento), en las prácticas cotidianas en las que el poder se ejerce como y desde el patriarcado, el machismo y la violencia.

Podemos vernos a los ojos en la escuela y no saber quiénes somos los que participamos de un ritual que, tras siglos, ha mostrado un agotamiento respecto a su función social, política e, incluso, económica. Pero fuera de eso, lo desconocido le hace frente al habitus de la mediocridad en la que nos decimos iguales en un escenario en el que la desigualdad de oportunidades para el desarrollo subjetivo está marcada por una mirada sesgada, moldeada, dirigida y encarnizada en los cuerpos que no se nombran (ver “En la escritura trabajo con los cuerpos”), en los cuerpos asexuados, dóciles y preformateados por la escuela y la educación, como proceso de construcción de la subjetividad para la vida en sociedad.

Hoy estamos frente a la oportunidad, frente a la necesidad, de cambiar nuestro escenario. Hoy podemos ser actores de una obra distinta, en la que los tabúes no sean el discurso de la excepción, sino que cobren sentido en los lugares en los que nuestra identidad más los necesita. Para educar en valores, para educar para la autonomía, para educar para la libertad, para educar para una vida juntos y con igualdad de derechos, para educar con sentido de justicia social, para educar sobre la base de que de cada uno de nosotros depende que el cambio sea posible, para una mejor calidad de vida, para una mejor sociedad, juntos.

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