Inclusión de TIC: Nuevas ciudadanías y desafíos para las escuelas

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    Por Paula Camarda y Mariana Gelves.
    DIXideas

    La inclusión de las TIC fortalece las vías de comunicabilidad, visibilidad y adecuación de espacios de formación acordes a los nuevos contextos sociales y culturales. Pero estas acciones no se conforman en línea directa por el solo hecho de utilizar dispositivos tecnológicos en un ecosistema mediado por tecnologías.

    Nos interesa entonces, pensar desde una mirada innovadora, los conceptos centrales que desde las escuelas, se deben tener en cuenta, sin desconocer la enorme diversidad de propuestas, trayectorias y situaciones que enmarcan propuestas de incorporación de TIC en las instituciones educativas, en el que ya no se discute sobre su presencia, pero en el queda mucho por materializar en torno a criterios y resultados que garanticen la igualdad, la calidad y la profundización de lo que enseñamos y aprendemos como así también, las capacidades que debemos desarrollar en nuestros alumnos en relación a la ciudadanía que les toca ejercer.

    Tomamos, en este sentido, la siguiente cita de Ranciére, como disparador de este artículo:

    “La igualdad no es formal ni real; no consiste en la enseñanza uniforme a los niños (…) La igualdad es fundamental e intempestiva. Está siempre remitida a la iniciativa de individuos y grupos que contra el curso ordinario de las cosas toman el riesgo de verificarla (…)el punto es cómo construimos condiciones para la igualdad, como estamos convencidos de que todos somos sujetos iguales y que es esa fuerza intempestiva contra el curso ordinario de la cosas que nos pone a inventar otras formas”.

    Si nos remontamos a la relación entre la escuela, los medios y la incorporación de TIC podemos decir que esta siempre fue compleja.

    Las posturas apocalípticas e integradas fueron la base desde la cual pensar los vínculos de las escuelas con los medios de comunicación. Mientras que los apocalípticos sólo postulaban los efectos manipuladores y nocivos de los medios, los integrados los definían como herramientas pluralistas capaces de democratizar por sí mismos el acceso a los bienes culturales. Ambos enfoques proporcionan miradas deterministas sobre los posibles modos de integrar las TIC.

    ¿Alcanza con que los niños y jóvenes por fuera de la escuela dialoguen e interactúen en forma permanente con estos medios para lograr una apropiación crítica, para que se conformen como ciudadanos reflexivos, capaces de interpelar y producir en los contextos actuales de la investigación, el trabajo, la intervención política, las dimensiones humanas?

    El mero contacto con las tecnologías no genera por sí mismo, una apropiación profunda sobre sus discursos y propuestas. Tampoco permite un acceso igualitario y democratizador, ni se generan los espacios necesarios para sistematizar esos contenidos, ordenar la información, ponerla a jugar con otros saberes, transferirla a otros contextos.

    David Buckingham, sostiene: “Los textos mediáticos combinan con frecuencia varios ‘lenguajes’ o formas de comunicación: imágenes visuales (inmóviles y en movimiento) lenguaje auditivo (sonido, música o palabra) y escrito.

    El concepto de representación, adquiere un lugar central a la hora de integrar los lenguajes multimediales, sus discursos, sus símbolos, su iconografía. Es preciso problematizar y desnaturalizar los primeros sentidos con los que interpretamos estos lenguajes, en función de establecer otras definiciones, afirmaciones y preguntas que nos permitan indagar sobre la estructura de esos discursos, sus fuentes, sus intenciones, los códigos con los que se construyen. Los docentes deben preguntarse fundamentalmente y sin importar el nivel de escolarización de los alumnos qué tipo de alumno, consumidor, receptor –aquí también incorporaríamos productor cultural queremos formar al integrar los medios en la enseñanza.

    Jacques Piette afirma que no es posible generar habilidades críticas sin una guía docente que se lo proponga. Será necesario, sostiene el autor “centrar nuestra enseñanza no tanto en la transmisión de conocimientos sobre los medios, sino en la enseñanza de habilidades del pensamiento crítico y sobre las habilidades intelectuales que el alumno debe aprender a dominar”.

    Este autor plantea la necesidad de generar las siguientes capacidades:

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    Volviendo a la lúcida frase de Ranciere, no se trataría solamente del acceso al equipamiento tecnológico en las escuelas para generar un nuevo orden de pensamiento, sino de resignificar las estrategias que posibiliten acciones significativas en el desarrollo de capacidades que exige hoy el ejercicio de una ciudadanía plena. Implica inventar otros recorridos, asociar textos, palabras imágenes, discursos, informaciones que no contengan una relación aparente pero que nos permitirían abrir caminos a nuevas hipótesis y formas complejas de intervención.

    Follari, psicólogo y profesor de epistemología, argentino, sostiene que “La escuela, responde a una condición histórico-cultural redefinida, que ha cambiado y que está cambiando de una manera abrupta, para deslegitimar el tipo de función que históricamente cumplió”.

    Pero esto no significa pensar una “escuela deslegitimada” sino pensar la escuela desde una perspectiva cultural y social diferente: “La escuela está sometida a sus propias fuerzas en esta readecuación a los tiempos, si es que las directivas globales del sistema no se hacen cargo”.

    Es el sitial donde la sociedad puede pensarse a sí misma en su déficit normativo en curso. Para ello, es decisivo que lo que está fuera de la escuela pase también a estar dentro: video, televisión, computadoras. Y no para hacer lo mismo que se hace fuera, sino para decodificar con procedimientos específicos lo que todos los días se ve y se hace en las casas.

    Es decir: No necesitamos tanto videos educativos, como discusión sobre los culebrones, los noticieros, las series, los teleshows que vemos diariamente. Para ponerle palabras al caos imaginario en que se dibuja la imagen, pero partiendo de esas imágenes por las que los estudiantes se interesan cotidianamente.”

    Es momento de asumir el desafío tal vez más inmaterial y por ende más complejo: necesitamos más y mejores ideas, es preciso pensar con otros, en dimensiones diversas, atrevernos a hilvanar sentidos diferentes y saberes hasta el momento no conectados. Necesitamos atrevernos a imaginar. Los proyectos de integración de TIC precisan asimilar que los textos mediáticos, los lenguajes multimediales, las imágenes, las producciones culturales, son resultados de elaboraciones, elecciones, basados en intereses económicos, sociales estéticos y/o culturales. Son patrones desde los cuales, forjamos narrativas comunes y metáforas de la realidad.

    Necesitamos entonces, recuperar la fuerza intempestiva de la creatividad y la invención, generar espacios reales de formación ciudadana, donde la criticidad y la innovación no sean conceptos vacíos sino bases reales donde las escuelas sienten las bases que les permitan profundizar, aún más, su fundamental función social y cultural.

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