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La psicología, la neurociencia y la economía, entre otras disciplinas, afirman que los primeros años de vida son un periodo determinante para el desarrollo y la acumulación de capital humano, pues durante estos años se desenvuelven las habilidades que se adquieren a lo largo del ciclo de vida que a su vez establecen el bienestar de las personas. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible enuncia como objetivo en su indicador 4.2 “de aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y educación preescolar de calidad, a fin de que estén preparados para la enseñanza primaria”. ¿Cómo podemos trabajar desde hoy para llegar a este objetivo?

Los desafíos del indicador 4.2

La consecución del indicador 4.2. plantea muchos desafíos para los hacedores de política pública, entre ellos la administración de tests que permitan evaluar el estado del desarrollo infantil temprano (principalmente de cero a tres años) a nivel poblacional. Si bien este tipo de medidas no son suficientes para brindar un diagnóstico del desarrollo particular de cada niño, su importancia radica en que son una herramienta para tomar decisiones informadas a través de la caracterización de las áreas de desarrollo que requieren mayor intervención, la focalización de recursos hacia la población más vulnerable y la identificación de las políticas más eficientes.

Históricamente indicadores relacionados con las medidas antropométricas y la pobreza se han usado como aproximaciones del desarrollo infantil, lo cual representa una simplificación ya que en su mayoría solo dan cuenta del estado nutricional y obvian el desarrollo cognitivo, de lenguaje, socioemocional y motor de los niños. Recientemente, iniciativas como la Global Scale for Early Development (GSED por sus siglas en inglés), sobre la que hablamos recientemente, buscan superar esta brecha. Además de ser fáciles de administrar (por ejemplo, no requerir entrenamiento de personal especializado, demandar tiempos cortos y no tener altos costos de materiales de administración), es importante que estas herramientas tengan dos propiedades psicométricas: confiabilidad y validez.

¿Cómo sabemos si un test es confiable y válido?

La confiabilidad de un test refleja el grado en que las diferencias en los puntajes observados son consistentes con las diferencias en los puntajes verdaderos, mientras que la validez se entiende como el grado de exactitud con el que un test mide lo que se pretende medir. El cumplimento de estas dos propiedades garantiza que la interpretación que damos a los resultados de un test sean correctas. En un reciente artículo López et al., hacen un aporte a la discusión sobre las medidas de desarrollo infantil a través del análisis inicial de propiedades psicométricas del Test de Denver II en una muestra de más de 2500 niños de hogares de bajos ingresos en Fortaleza Brasil.

El test de Denver II es un test de screening que permite evaluar el desempeño en cuatro áreas (cognitivo, lenguaje, motor fino y motor grueso) del desarrollo de niños de 0 a 6 años a través de actividades apropiadas según la edad. Las autoras señalan lo siguiente:

  • Aunque el Denver II es un instrumento inicialmente validado en una muestra de niños de los Estados Unidos, los análisis sugieren que también tiene validez y puede generar resultados confiables en su administración en niños de zonas urbanas y de bajos ingresos del nordeste de Brasil.
  • Además de ser un test de observación directa, en comparación con otros test de desarrollo infantil, el Denver II tiene costos de administración más bajos, lo cual puede facilitar su administración a escala.
  • Los ítems que dan cuenta de los cuatro dominios de desarrollo pueden ser agrupados en dos grandes dominios, cognitivo y motor.
  • Aunque estos resultados pueden ser útiles para algunos hacedores de políticas públicas, no deben ser generalizados a todo el país, dado que Brasil es un país muy diverso y se requiere de un estudio basado en una muestra representativa a nivel nacional.

Si bien estos conceptos pueden sonar ajenos y distantes para algunas personas, lo cierto es que estas herramientas ayudan al avance de la agenda del desarrollo infantil con un diagnóstico certero y un norte claro.

Fuente: BID

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