El empoderamiento femenino en clave de clown

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El teatro siempre se hace eco de los fenómenos sociales y de los contextos sociales y culturales. Como hecho artístico, logra tomar las problemáticas de las diferentes épocas y ponerlas en escena desde una poética y una estética. Es así que en estos tiempos, donde el feminismo y las cuestiones sobre el rol de la mujer ocupan gran espacio en la agenda pública y mediática, aparecen obras que retoman esas cuestiones. Tal es el caso de “Vientre, el hueco de donde venimos”, de la Compañía Malvarado Colibrí, con dirección de Marcos Arano y más de veinte artistas en escena.

La acción transcurre en un cementerio donde, a pesar de los esfuerzos de dos sepultureros, la historia de las mujeres irá saliendo a la luz. Desde Juana Azurduy hasta Eva Perón, pasando por Macacha Güemes, Alicia Moreau, Julieta Lanteri y Cecilia Grierson, la obra realizará un recorrido por la historia silenciada de estas maravillosas mujeres que marcaron un antes y un después en terrenos tan disímiles como la ciencia, el periodismo, la política, la medicina y la literatura, entre otros.

Con un lenguaje clownesco, la puesta destaca por su impacto visual: el vestuario, el maquillaje, la iluminación y la música construyen un espacio atractivo e interesante. Merecen ser subrayadas también las destrezas físicas y vocales de los actores y actrices cuyo compromiso con el texto se deja ver en cada escena. Por su parte, la dramaturgia logra retomar los planteos clásicos del feminismo y del movimiento de mujeres sin por ello volverse solemne.

Sabemos que la impronta del clown habilita el humor y permite, al mismo tiempo, tomar distancia crítica sobre aquello que se dice. Aparecen entonces los estereotipos de género más asentados socialmente pero desde un tipo de construcción que toma distancia y, en ese gesto, los deconstruye. Los sepultureros son los encargados de ponerlos en escena, mientras las historias de aquellas grandes mujeres se despliegan delante de ellos. Como gran parte de la sociedad, no podrán ver más allá de sus prejuicios. Por eso, como se plantea en varios momentos del texto, muchas veces se hace necesario explicar lo obvio. Y siguiendo esa línea, la metáfora se hace explícita, la obra y el texto lo ponen de manifiesto configurando, de esa forma, un interesante cruce entre lo que se critica y lo que se reivindica. El patriarcado y el machismo aparecen como formas e ideologías que lo único que logran es la opresión de las mujeres. Sin embargo, no podrán con ellas, aunque quieran enterrar sus historias estarán más vivas que nunca.

De esa manera, la obra le da voz y visibilidad a muchas de las mujeres silenciadas por una historia escrita por varones. Más allá de la sumatoria de biografías, la mujer aparece como parte de un colectivo poderoso, fuerte y versátil. La desigualdad constitutiva del movimiento femenino se convierte acá en el lugar desde el cual disputar aquellos sentidos construidos históricamente que socavaron el rol de las mujeres. A pesar de todo, ellas lograrán atravesar los escollos y vericuetos de la historia para hacer escuchar su voz. El poder femenino en todo su esplendor se pone en escena en Vientre, ese lugar desde el que todxs venimos.

Domingos, 20 hs en La Carpintería – Jean Jaures 858

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