#8M. Las deudas pendientes

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A un día del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, todavía falta mucho por hacer. Si bien hubo avances en materia de derechos, como la Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (26.485), la incorporación de la figura del femicido al Código Penal, la Ley de Parto Respetado (25.929), entre otros, todavía quedan grandes deudas en pos de garantizar la igualdad de género. Algunas tienen que ver con el marco normativo, como la legalización del aborto, y otras necesitan de un cambio cultural, tal vez lo más difícil. Pero, lejos de constituir dos ámbitos separados, las leyes y el contexto sociocultural se implican mutuamente.

Precisamente en estos días la legalización del aborto llegó, como nunca antes, a ocupar un espacio muy importante tanto en la agenda pública como en la agenda mediática. Una de las luchas más importantes del movimiento de mujeres tiene grandes chances de llegar a un resultado satisfactorio. Constituye un logro que por primera vez en Argentina se pueda debatir seriamente la legalización del aborto como un tema de derechos y de salud pública, con seriedad y con perspectiva de género. En esto último el feminismo está haciendo un inmenso aporte al cuestionar las propias bases sociales y desnaturalizar ciertos sentidos que están asentados sobre la estructura patriarcal.

Uno de los riesgos del debate en torno a este tema es caer en posturas personales y reducirlo a términos que se excluyen mutuamente: estar a favor o en contra. La legalización es un tema de salud pública porque permite evitar que cientos de adolescentes y mujeres, principalmente de bajos recursos, mueran en prácticas clandestinas. Muchas de ellas terminan con secuelas muy negativas tanto en su salud física como psicológica. Incluso, la legalización del aborto forma parte de un paquete de otras medidas donde éste es, en todo caso, la última figura. Como viene diciendo la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito : “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Acá es donde ocupa un lugar importante el sistema educativo. La Ley de Educación Sexual Integral (26.150) resulta de fundamental aplicación para que chicos y chicas accedan a información de calidad y con perspectiva de género sobre su sexualidad y salud reproductiva. Es necesario trabajar con los niños y niñas desde pequeños para fomentar la importancia del conocimiento y del cuidado sobre el propio cuerpo. Negar el acceso a este tipo de información y contenidos sólo provoca un oscurantismo que es llenado por prejuicios e ideas que no contemplan el problema en su complejidad.

Otro punto a tener en cuenta es que el género se cruza con otras variables como son la edad, la clase social, el nivel educativo, la raza y la orientación sexual. Habitualmente cuando pensamos estos temas se piensa en un sujeto blanco, de clase media o alta, con acceso a información y recursos económicos y heterosexual. Para derribar estas ideas y poder ir más allá, tenemos que desnaturalizar ciertos sentidos y en eso resulta fundamental también el rol de la escuela. A través de contenidos diversos e inclusivos que habiliten una postura crítica sobre la realidad social es que se podrá ampliar la mirada.

La legalización del aborto es la deuda más grande que el Estado tiene con las mujeres. Pero más allá y en otro orden de cosas, todavía hay otros temas pendientes. El acceso real a un parto respetado en todas las instituciones tanto públicas como privadas, la igualdad en el salario respecto a los varones, el acceso a puestos gerenciales y de decisión en las empresas, instituciones estatales y medios de comunicación, el derecho a hacer escuchar nuestras voces y posicionarnos como voceras legítimas sobre determinados temas. En el ámbito de las artes escénicas en particular y de la cultura en general, también hay deudas pendientes. Si bien en los últimos años muchas dramaturgas y directoras han comenzado a tener más visibilidad, todavía los lugares de poder y de referencia son ocupados por varones.

Al respecto, las distintas expresiones artísticas pueden contribuir tanto al empoderamiento de las mujeres como a la desnaturalización de ciertos sentidos que circulan socialmente, basados en una mirada machista y patriarcal. En el ámbito específico del teatro muchas obras ponen en escena cuestiones de género (no sólo del colectivo de mujeres) desde una mirada amplia, crítica y seria.

En definitiva, la educación y el arte serán los caminos que nos lleven por otros senderos, más plurales, para que podamos derribar aquellas estructuras conservadoras e injustas. Solo así seremos sujetos libres, con los mismos derechos para todos y todas. No es fácil pero es el único camino posible.

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