“¿Y si te dijera que la realidad que conoces es una de muchas?”. Esta es la premisa que ofrece Doctor Strange: Hechicero supremo (2016), la nueva película de Marvel, dirigida por Scott Derrickson (Sinister, Líbranos del mal), que busca expandir aún más su universo cinematográfico. Así como Thor (2011) nos dio un vistazo al árbol de la vida nórdico, Yggdrasil, con sus nueve mundos y los eventos de Guardianes de la galaxia (2014) sucedieron en… bueno, otra galaxia, esta película nos lleva por un lado más místico que da a entender la existencia de una infinidad de dimensiones y realidades, lo cual también significa que puede haber varios peligros que deben ser evitados.

La historia trata sobre el Doctor Stephen Strange (Benedict Cumberbatch), un neurocirujano que sólo se molestaba en tratar pacientes que lo ayudarían a demostrar sus habilidades y ganar fama, pero tras un accidente automovilístico que destroza los nervios de sus preciadas manos, Strange decide realizar un viaje que lo llevara a conocer a El Ancestral (Tilda Swinton). Así empezará su aprendizaje sobre las artes místicas.

Lo primero que hay que destacar de esta película son sus increíbles efectos especiales que dan un cierto aire a El origen (2010) al principio, pero que luego se las ingenia para sorprendernos con cosas que ni siquiera pudimos habernos imaginado o haber visto en otra película y que representan fielmente las imágenes psicodélicas de los comics. Literalmente pasás toda la película preguntándote que habrán ingerido los responsables de los efectos para concebir tales ideas. Por otro lado, hay un elenco con actores muy conocidos que también incluye a Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong,  Mads Mikkelsen y Amy Adams. Aunque algunos de estos no estén del todo desarrollados, se puede apreciar una evolución por parte del protagonista, que empieza siendo un egocéntrico al estilo Tony Stark y termina dándose cuenta que no todo gira alrededor suyo y que tiene una gran responsabilidad que debe cumplir. Algo que se puede criticar de la película es que está plagada de humor y, aunque los chistes sean buenos, hay momentos en los que son innecesarios y le quitan seriedad a las amenazas que se presentan.

En conclusión, Doctor Strange: Hechicero Supremo (2016) es la prueba de que Marvel todavía es capaz de hacer buenas películas, incluso con sus personajes menos conocidos.

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