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El revelador hallazgo se realizó en las localidades de Tunasniyoj y Ruditayoj en Bolivia, ubicadas en las cercanías de Icla (Chuquisaca). La campaña se inició en 2018 y estuvo dirigida por el Dr. Sebastián Apesteguía, Paleontólogo, docente de Herpetología y Paleontología del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad CAECE. Con el nuevo hallazgo – publicado recientemente en la prestigiosa revista científica Historical Biology – las huellas que se creía que eran del Cretácico, revelaron que eran del período Triásico, o sea casi 100 millones de años más atrás donde reinaba el supercontinente conocido como Pangea.

Antes que los dinosaurios

Las localidades de Tunasniyoj y Ruditayoj contienen vastos planchones de arenisca donde se hallan impresas centenares de huellas de grandes animales del pasado. Si bien originalmente se las consideró como huellas de dinosaurios, en realidad estos son los menos abundantes, pues la mayoría de las huellas corresponden a enormes animales lejanamente emparentados con los actuales cocodrilos.

Aunque la información geológica original consignaba a la zona como formada a principios del período Cretácico (145 millones de años atrás), nuevas dataciones realizadas sobre un gran cuerpo de lava que asoma en la localidad de Uyuni del Pilcomayo, revelaron que era mucho más antigua, de mediados del período Triásico (235 millones de años atrás), y las huellas habrían sido dejadas en las arenas del Desierto Central de Pangea, el continente único.

Por aquellos tiempos, los dinosaurios recién se asomaban al mundo y eran pequeños y huidizos, por lo que las enormes huellas de Tunasniyoj y Ruditayoj no fueron dejadas por dinosaurios, sino por otros grandes animales anteriores a su reinado, a cuyas huellas conocemos como braquiquiroterias.

Lugar y época

En el sur de Pangea, es donde se habrían originado los primeros dinosaurios, cuyos restos esqueletales han sido hallados en Argentina y Brasil. Sin embargo, los primeros dinosaurios distaban mucho de ser los poderosos animales a los que se ven en las películas. Por el contrario, a mediados del Triásico los dinosaurios eran frágiles, aunque ágiles animales que buscaban su lugar en un mundo de animales más grandes y poderosos, como los rauisuquios, enormes parientes terrestres de los cocodrilos, de entre 3 y 10 metros de largo, que incluyen formas de pesadilla como PrestosuchusSaurosuchus y Fasolasuchus. También habitaban ese mundo animales acorazados como los aetosaurios, de tamaño también variado y una alimentación omnívora a herbívora. Completaban el panorama nuestros lejanos parientes, los terápsidos dicinodontes, herbívoros de grandes colmillos defensivos y carnívoros cinodontes, cuyas formas enanas serían los únicos sobrevivientes del grupo a través de nosotros, los mamíferos.

Calíbar y las huellas misteriosas

Las abundantes huellas de Tunasniyoj fueron publicadas en 2010 por los investigadores de la Fundación Azara, Sebastián Apesteguía y Pablo Gallina, a partir de datos brindados por el poblador Primo Rivera Salazar. El sitio muestra cientos de caminatas aisladas, pero también posibles agrupamientos de animales en un oasis y crías caminando cerca de los adultos. Sin embargo, el nuevo estudio publicado en 2020 sobre esas y las de la cercana localidad de Ruditayoj, muestran un panorama diferente.

Durante años hubo muchas dudas acerca de qué tipo de animal las produjo.

Hacia mediados del período Triásico vivieron numerosos animales terrestres vinculados a los actuales cocodrilos. Dado que no se disponen de esqueletos en este sitio, sólo es posible hacer deducciones a partir de la forma de sus huellas a las que los científicos denominaron “braquiquiroterias”. Realizando una comparación con las manos y pies de esqueletos conocidos, hay dos posibilidades que destacan sobre las demás. Las “huellas braquiquiroterias” pueden haber sido hechas por grandes predadores conocidos como rauisuquios o también por formas acorazadas herbívoras a omnívoras conocidas como aetosaurios. En ambos casos, se trata de varias especies de animales que varían entre los tres y siete metros de longitud.

El estudio no ha podido concluir a cuál de esas dos formas habrían pertenecido las huellas, dando ambas como igualmente posibles. Pero esto abre más intrigas ¿Porque hay tantas? Si fueran huellas de carnívoros, como los rauisuquios, su abundancia podría explicarse como debida al intenso patrullaje de territorio por uno o pocos animales. En cambio, si fueran de herbívoros, como los aetosaurios, las numerosas huellas podrían atribuirse a la movilidad de un rebaño.

¿Por qué es importante?

Bolivia tiene enormes riquezas paleontológicas en cuanto a su fauna marina de la era Paleozoica. En cuanto a la era Mesozoica, existen vastos campos de huellas que se hallan entre los más importantes del mundo, como el farallón de Cal Orck’O o Maragua. Sin embargo, ambos son del último momento del período Cretácico, cuando los dinosaurios se hallaban ya al borde de la extinción. El megayacimiento icnológico de Tunasniyoj y Ruditayoj no solo es importante por su tamaño, riqueza y posición horizontal de las capas con huellas, que permiten su visita, sino que también es el yacimiento de huellas de vertebrados más antiguo de Bolivia, representando una época en la que, si bien ya había dinosaurios, eran poco abundantes frente a muchas otras especies que los precedieron.

El viaje y el estudio

En invierno de 2018, la época seca en Bolivia, se realizó una campaña dirigida por el Dr. Sebastián Apesteguía y el Lic. Facundo Riguetti, paleontólogos pertenecientes al Área de Paleontología de la Fundación Azara-Universidad Maimónides y la Universidad CAECE (Argentina), en conjunto con el icnólogo Dr. Paolo Citton, del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG), institución de doble pertenencia entre CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina), los geólogos Dr. Gonzalo Veiga y Dr. Daniel Poiré, del Centro de Investigaciones Geológicas (CIG) de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) y el Dr. Gerardo G. Zacarías, de la Sede Orán de la Universidad Nacional de Salta (Argentina), todos investigadores/as del CONICET.

Al grupo viajero se sumó el fotógrafo cordobés Lucio Mansilla y a la investigación se sumó la Dra. Silvina de Valais, del mismo IIPG y el CONICET.

En el lugar se hicieron dos tipos de estudio, el geológico y paleoambiental, por los geólogos del equipo, y el específico de las huellas, por los icnólogos, incluyendo la toma de fotografías especiales para registrar las huellas.

El trabajo de gabinete para procesar la información se realizó con procesamiento de las imágenes y estudios comparativos.

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