Impacto ambiental, desarrollo sostenible y las respuestas globales

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Las formas de comunicación moderna entre los seres humanos – internet, telefonía móvil – hacen que todos los aspectos de nuestra vida se transmitan en forma instantánea al resto del mundo, globalizando tanto los aspectos positivos como los negativos.

Lo mismo ocurre con los daños que pueden producir sobre el ambiente las actividades que desarrollamos todos los días, ya que las consecuencias sobre el ambiente en un determinado lugar de nuestro planeta a la larga repercutirán en otro sector, y no necesariamente en una zona cercana al lugar de generación del daño……

Así, han aparecido problemáticas ambientales ligadas al desarrollo y la globalización, tales como, aceleramiento del efecto invernadero, disminución de la biodiversidad, y adelgazamiento de la capa de ozono, entre otras. No hay nada más global que las consecuencias de los impactos ambientales.

Pero, a pesar de los agoreros presagios autodestructivos de la raza humana, hemos sabido desarrollar herramientas que nos ayudan a luchar contra los impactos ambientales negativos que el desarrollo puede provocar sobre nuestro planeta.

A esta altura es necesario recordar que conceptualmente un impacto ambiental se refiere a todas las acciones antrópicas, es decir, provocadas por los seres humanos, acciones que pueden ser positivas o negativas, que puedan producir alteraciones susceptibles de afectar la salud y la calidad de vida, la capacidad productiva de los recursos naturales y los procesos ecológicos esenciales. O sea que, muchas de las actividades antrópicas pueden provocar, en mayor o menor medida, impactos negativos sobre el ambiente.

Frente a esta problemática de globalización de los impactos ambientales aparece el conocido, y bastardeado, concepto de desarrollo sostenible, que no es ni más ni menos que la necesidad de compatibilizar el continuo crecimiento económico con la equidad social y con la protección y administración eficiente del ambiente, el que, por supuesto, no debe distinguir entre países pobres y países ricos.

A través de numerosos congresos, talleres, conferencias, encuentros globales, los gobiernos del mundo se han pronunciado respecto a la problemática de los impactos ambientales globales, redactando acuerdos, convenios, protocolos, etc. con el objeto de adoptar medidas para mitigar y corregir las consecuencias de estos impactos.

Si bien es cierto que mucho se ha acordado y mucho se ha escrito sobre esta problemática, pareciera que los resultados no se condicen con la realidad, ya que la afectación a nuestro hábitat no se ha detenido. Todavía existen fuertes intereses mezquinos y egoístas que prevalecen por sobre el interés del cuidado de nuestro ambiente para las generaciones presentes y futuras.

Pero, afortunadamente tenemos un poderoso instinto de supervivencia que va generando una fuerte conciencia respecto a lo que nuestro planeta puede brindarnos, y hasta donde podemos “exprimirlo” sin que ello se vuelva en contra nuestra.

La mejor manera de trabajar para un desarrollo sostenible en forma global es identificar y caracterizar los impactos ambientales que nuestras actividades generan, y llevarlas adelante de manera que no se afecte al ambiente. Esto a priori podría parecer una verdad de Perogrullo, y a la vez una utopía, pero en honor a la verdad a lo largo de los últimos 50 años se han ido desarrollando e incorporando medidas de mitigación, que a esta altura es impensable e inaceptable que no se adopten. Ejemplos claros de esto son las plantas de tratamiento de efluentes líquidos, la correcta gestión de los residuos, la eficiencia energética en los electrodomésticos, entre otras. Hoy en día no se concibe que una industria desarrolle sus actividades sin contemplar las medidas de mitigación o compensación acordes a su producción, o que un desodorante de ambientes tenga compuestos que puedan dañar la capa de ozono.

Sin embargo, los impactos ambientales que generamos son tangibles y nos preparamos para “luchar contra un enemigo que vemos”, investigando y adoptando medidas preventivas y correctivas. Pero ¿Cómo luchamos contra un enemigo invisible como el Coronavirus? ¿Cómo tomar medidas preventivas para combatirlo si es tan cobarde que no se deja ver, ni tocar, ni oler? Aquí también se vuelve a reforzar el concepto de globalización, ¿o no nos percatamos de la velocidad a la que se diseminó por el mundo?

Seguimos sumando nuevos desafíos y falta mucho por trabajar para lograr controlar los impactos ambientales, tangibles o no, que nosotros mismos provocamos, y si bien, las presentes generaciones van tomando conciencia y van incorporando esta problemática desde temprana edad, necesitamos comprender que el planeta es uno solo, y es global.

Por Horacio Walter, Docente de la Lic. en Gestión Ambiental y Tecnicatura en Higiene y Seguridad del Trabajo, Universidad CAECE

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