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Difícil escribir sobre una obra que arrasa con una potencia arrolladora. Es que “Turba”, la última creación de la dramaturga Laura Sbdar, protagonizada por la gran Iride Mockert y dirigida por la actriz Alejandra Flechner, le hace honor al título. El espectador sale turbado, atravesado, impotente ante tanto horror.

La historia de la protagonista es la historia de muchas. Una mujer obligada a prostituirse, a quien le arrebatan a su pequeña hija. Mientras debe “atender” a un varón tras otro, la pequeña Plomito es la encargada del show musical que tapa con su tono festivo el horror de las habitaciones. Como si fueran dos caras de la misma moneda, trata de mujeres con fines de explotación sexual y trata de artistas. La línea argumental que estructura la obra es la difícil peripecia de una madre por encontrar a su hija y salvarla. Esas ansias de libertad no conocerán de riesgos y todo valdrá a la hora de conseguirla.

El texto de Laura Sbdar indaga en los vericuetos de la intimidad de la protagonista y, entre la prosa y la poesía, logra vislumbrar lo poético que puede estar presente dentro de tanto horror. Un poco más allá, parece dialogar con “Las aventuras de la china Iron”, una de las últimas novelas de la talentosa Gabriela Cabezón Cámara, una especie de relectura del Martín Fierro desde una mirada feminista. Pero la dramaturgia carecería de esa potencia si no fuera por el maravilloso trabajo de Iride Mockert, quien tiene una potencia y una presencia escénica arrolladora. Tal como dice en una de las líneas, logra ser “topadora de corazones” porque su interpretación atraviesa al espectador y uno ya no será el mismo al salir de la sala. La entrega y la implicación de la actriz son abrumadoras, imposible no sentirse interpelado y emocionado al mismo tiempo. Su cuerpo hace carne la experiencia del despojo y la de la pérdida de la identidad. Dueña de un sinfín de recursos vocales, expresivos y físicos, Mockert se mete tanto en la piel de la madre como de la hija. Cada una confinada en un pequeño cubículo, decisión escenográfica que da cuenta tanto del encierro como del abismo que las separa, pasan sus días entre luces y sombras. Porque no todo es atroz, la obra logra rescatar lo bello, lo amoroso y hasta lo cómico que puede estar presente en medio de tanta tragedia. Y ese es uno de los logros de la dirección de la talentosa Alejandra Flechner, quien estrena acá su rol como directora.

Al mismo tiempo, la puesta hace una mixtura de lenguajes que, en conjunto construyen un universo tan particular como conocido. El manejo de las boleadoras, objeto característico de una danza típicamente masculina y tradicional, en manos de una mujer encerrada y vulnerada las resignifica. Aquellos objetos de la dominación masculina se vuelven acá una herramienta para la liberación de la mujer. Por otro lado, la presencia de la música de cumbia aparece como un espacio donde es posible la expresión de los sentimientos en un contexto de encierro. Más allá de la alegría que contagia ese tipo de música, las letras dejan entrever la humillación y la violencia que sufre la hija de la protagonista. Y la sonrisa que le saca al espectador, de pronto se vuelve mueca.

Turba hará oír su grito de guerra, una guerra que históricamente la tuvo del lado de los oprimidos. A fuerza de dentelladas y bronca acumulada, se convertirá en la reina de un terreno que la pisoteó de mil formas posibles. Precisamente, la obra narra una temática intrincada y oscura como lo es la trata de mujeres. Y en un contexto social donde se habla cada vez mas de las situaciones de violencia de género y se debate por la necesaria deconstrucción de las masculinidades hegemónicas, esta obra es tan necesaria como incómoda.

Iride Mockert: “El artista es un actor político en la sociedad”

Los lunes a las 21.30 en el Portón de Sánchez. Ahora habrá que esperar a que pase la cuarentena establecida por el Ejecutivo Nacional en el marco de las medidas para frenar el avance del Covid-19,  para poder volver a la salas y disfrutar de esta maravillosa obra.
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