Al fin y al cabo todos esperamos una vida para decidir cosas como estas y cuando ocurren no estamos preparados… como si el cuerpo se resistiera y doliera… y el único deseo que existe es que pase todo…”, dice la protagonista de “Nada del amor me produce envidia”, cuya rutinaria vida, de pronto, se verá exaltada por el ingreso de lo inesperado, de lo maravilloso que, una vez que se cuela por algún resquicio de la existencia, dejará la puerta abierta para otros hechos que cambiarán el curso de los acontecimientos.

Ferviente admiradora de Libertad Lamarque, esta modista acostumbrada a padecer en silencio la felicidad ajena, a que el amor es algo que les sucede a las otras, a un amor sin hombre, una tarde cualquiera, su vida da un vuelco: la “novia de América” le solicita un vestido. Como si eso fuera poco, días después, Eva Perón llega a su modesto estudio y desea comprar el mismo vestido. Así, “Lo extraordinario, cuando sucede, se instala con una fuerza que abre una puerta desconocida nueva, donde eso puede volver a repetirse”, dice el texto de Santiago Loza. Entonces, por primera vez en su vida, la decisión está en sus manos, tiene el poder y esa capacidad es lo que se vuelve extraordinario, no la visita de las celebridades. Ella, acostumbrada a acatar y a hacer lo que los otros le indican, de pronto, puede decidir, puede elegir decir “sí” o “no”.

María Merlino construye un personaje entrañable, perspicaz y profundo. Debajo de esa forma pausada y rítmica de hablar, de esos movimientos precisos y de esa ropa que parece asfixiarla, se vislumbran muchas capas que paulatinamente se irán desplegando hasta llegar al final, donde por primera vez ella será la reina. Bastarán una máquina de coser, un maniquí y algunas telas para recrear ese universo de las modistas de mediados de siglo XX. El texto de Santiago Loza convoca a la risa y a la emoción y despliega con maestría la subjetividad femenina del personaje con sus contradicciones, anhelos, deseos y miedos.

La obra toma como punto de partida el supuesto y mítico cachetazo que le habría dado Libertad Lamarque a Eva Perón y se inserta en el mundo de las cancionistas argentinas de la década del 30. Más allá, nos habla además del rol de la mujer en esa época, donde los papeles permanecían no sólo estrictamente diferenciados respecto a los varones sino también entre mujeres. La pertenencia a determinada clase social permitía vivir ciertos lujos y placeres al tiempo que confinaba a otras a una vida de trabajo y de sumisión. Las clientas que visitaban los estudios de las modistas eran las que podían decidir, las que tenían el privilegio de vivir los brillos del amor pero también la necesidad de esconder los “trapos sucios” para mantener la imagen ideal de mujer. “Nada del amor me produce envidia” no sólo habla de la vida de una costurera sino que pone en escena los estereotipos y las conductas aprendidas y heredadas que atravesaban la construcción de lo femenino en la época.

Ficha técnica

Texto: Santiago Loza

Actúan: María Merlino

Vestuario: Valentina Bari

Escenografía: Flor De Un Día

Iluminación: Fernanda Balcells

Producción De Giras Y Eventos: Luz Algranti

Realización de vestuario: Carmen Montecalvo

Realización De Tela: Martín Sal

Música: Sandra Baylac

Diseño gráfico: Florencia BauzaMalena Castañon

Asistencia De Sala: Celeste Morchio

Asistencia de vestuario: Liliana Piekar

Asistencia general: Julián Gómez

Prensa: Carolina Alfonso

Producción: Flor De Un Día

Colaboración musical: Jape Ntaca

Dirección: Diego Lerman

Santos 4040 – Santos Dumont 4040 – CABA

Sábados, 20 hs. Última función: 28 de octubre

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