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Un patio de baldosas pequeñas, plantas por doquier, sillas de chapa y una mesa. En el centro, un hombre preocupado se mueve de acá para allá, con el cuerpo inquieto y el corazón abatido. La entrada intempestiva de su mujer, lo sacará de sus cavilaciones. Así comienza “La vajilla”, de la dramaturga Patricia Suarez y producida por la compañía teatral La Doménica. El próximo domingo es la última función pero volverán a los escenarios los viernes de octubre y noviembre.

La acción transcurre en el patio de una típica casa de la ciudad de Buenos Aires de la década del 40. Maria y Jaime son un matrimonio con dos hijos, él trabaja en el correo y ella cose pantalones, además de encargarse de las tareas domésticas y de la crianza de los niños. En la víspera de la noche de Reyes, Jaime confiesa que tiene una amante y, desesperado, le pide a su mujer que lo ayude a dejarla. María, por su parte, no le cree e interpreta que todo eso es producto de algún embrujo.

La obra retoma la tradición del grotesco criollo y contiene varios de sus elementos: la búsqueda de la comunicación familiar, la ausencia de dinero como uno de los temas principales, la utilización del lenguaje cocoliche, esa mezcla ítalo-criolla en las palabras, y los personajes construidos como antihéroes. Efectivamente, Jaime es un hombre cuya vida parece manejada por el azar, tironeado por las decisiones de otras personas. Además, su sueño de vivir de la música choca con las necesidades cotidianas y la obligación de mantener a su familia. Mientras toca el acordeón de su abuelo, imagina un futuro prometedor que nunca llegará. Por su parte, María es la que tiene los pies sobre la tierra, para quien la música es cosa de “vagos”, y sus preocupaciones se centran en poder pagar la casa y criar bien a sus hijos para que salgan “derechos”.

Las actuaciones de Florencia Montanucci y Javier Schonholz se apropian del género y logran incorporar la forma de hablar típica de los inmigrantes italianos de aquella época, con sus tonos, gestos y elocuencia. En tanto, la dramaturgia recupera fielmente el imaginario social característico de ese contexto histórico. Por un lado, el esfuerzo y el trabajo como el camino para conseguir la seguridad económica y el techo propio y la correcta crianza de los hijos como una de las preocupaciones principales. Por el otro, la fiesta y el alcohol como la manera de abstraerse de las penurias, al menos por un rato. Por su parte, la escenografía y la música son los elementos que terminan de configurar el clima de época y logran llevar al espectador a una Buenos Aires lejana y cercana, al mismo tiempo.

La oposición entre los sueños y la realidad apremiante, las frustraciones producto de la ausencia de dinero, la seguridad que brinda tener la casa propia, la caída de las ilusiones de la juventud, el desamor, la crianza de los hijos y esfuerzo necesario para asegurarse un plato de comida, son los temas que atraviesa “La vajilla”, tópicos que forman parte, todavía hoy, de nuestro imaginario social, esa mezcla entre la cultura criolla y la italiana que permanece tan arraigada en la identidad argentina.

Ficha técnica

Autoría: Patricia Suárez
Actúan: Florencia Montanucci, Javier Schonholz
Vestuario: Pablo Juan
Escenografía: Magdalena de la Torre
Música original: Diego Cardoso
Diseño gráfico: Jazmin Trevor
Asistencia de dirección:Gisele Broin
Producción: La Domenica
Dirección: Adrian Cardoso
Teatro La Lunares
Humahuaca 4027 – CABA
Domingos, 19 hs

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