La profecía autocumplida. La traición a la posibilidad de tener un futuro, al menos, esperanzador. Hace unos años que un documental que lleva el nombre de “El elogio de la incomodidad”, que fue realizado por CTERA. En este, se cuenta la experiencia de los docentes y alumnos de la Escuela de Reingreso de Barracas. En el inicio, Javier Iriarte, vicedirector y profesor de Formación Ética y Ciudadana, señala que esa incomodidad que se genera en este tipo de instituciones, es condición para el encuentro con el otro, a partir de pensar que no se trabaja con “los restos del naufragio”, sino con las realidades que se viven en un determinado momento histórico, en un contexto situado.

Los restos del naufragio son adolescentes, son jóvenes en edad escolar excluidos del sistema escolar por su conducta, sus calificaciones, por sus condiciones de vida o por la complejidad de sus realidades. Esta imagen trae consigo una disposición para el encuentro con el otro, tanto para los directivos y docentes, como para los alumnos. Si ese encuentro no se libera de prejuicios, de autoridad vacía de sentido, y de la desesperanza respecto al potencial de ser de quienes nos rodean, de nada sirve la propuesta educativa. Se cumple con la obligación de una instancia formal de un sistema que excluye y no le interesa resolver sus externalidades negativas.

Pero no se trata sólo de la Argentina, sino de un fenómeno que toma forma en diversos países y se resignifica según los contextos. El largometraje francés “Les choristes” (2004), o “Los coristas”,  un drama y musical dirigido por Christophe Barratier, con guion de Barratier y Philippe Lopes-Curval, propone una nueva versión de otra película, de 1945: La Cage aux rossignols (La jaula de los ruiseñores), con guion adaptado por Noël-Noël y René Wheeler a partir de una historia de Wheeler y Georges Chaperot y dirigida por Jean Dréville.

La historia está ambientada en la Francia del año 1949. Clément Mathieu es un músico que se desempeña como docente. Éste llega a las puertas de Fondo del Estanque (Fond de l´Étang), un colegio internado para menores con mala conducta. Al cabo de un tiempo, los alumnos construyen cierta confianza con el señor Mathieu, y conforman un coro. La forma de enseñanza que utiliza y la idea del coro, logra crear un vínculo entre alumnos y profesor, lo que hace que el comportamiento de los internos mejore. Con el tiempo y la excepcional voz de Pierre Morhange, unos de los alumnos más complicados, el coro va siendo más exitoso. En él tienen varias aventuras y altibajos.

La construcción de los tiempos narrativos termina siendo un poco pretensiosa en cuanto a los resultados de los vínculos sinceros en una relación pedagógica (y que al tiempo la excede), pero sirve como metáfora del potencial de ser de los niños y adolescentes que son considerados, como el nombre del internado lo propone, “el fondo del estanque”.

La mirada del docente puede abrir las puertas a la pasión por el aprendizaje, no sólo de contenidos, sino de los alumnos como pura potencia de ser. No se trata de embaucarlos negando su contexto, negando sus realidades, pero sí de generar cierta incomodidad que despierte y desarrolle sueños, y, sobre todo, las competencias para que esos sueños tengan la posibilidad de convertirse en su realidad.

Por otro lado, “Los coristas” muestra a un docente incompleto, en la soledad de su alma. El alimento para su espíritu lo encuentra en esa música que escribe para sus alumnos y en los amores que lo reavivan en su deseo por compartir. Pero sus anhelos no detienen su deseo por que sus alumnos salgan adelante, a pesar de que su rol no puede responder a todas las injusticias que observa a diario.

“Los coristas” nos invita a hacernos una pregunta: ¿estamos permitiendo que nuestros alumnos desarrollen todo su potencial de ser?

Trailer

Disponible en Netflix.

Deja un comentario