La crítica teatral en tiempos de lo digital

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El martes 16 de agosto se llevó a cabo la charla “El rol de la crítica teatral en tiempos de lo digital” en el Centro Cultural de la Cooperación, con la participación de Mónica Berman, licenciada en Letras, doctora en Ciencias Sociales y docente de la UBA, y los periodistas Gustavo Gaguine y Mercedes Mendez. El centro de la conversación radicó en el trabajo que actualmente realizan los críticos en un contexto dominado por las nuevas tecnologías.

Ahora bien, ¿Qué es lo que caracteriza al periodismo comúnmente denominado digital en un contexto donde la digitalización ocupa cada vez más lugar en los procesos productivos? Según Mónica Berman, lo específico del periodismo online está en la multimedialidad y en la hipertextualidad. Esto implica la relación de gran cantidad de medios entre sí, ya que en la pantalla conviven no sólo el texto impreso sino también las fotografías, los videos, el audio, entre otros recursos. En tanto, la hipertextualidad es posible a través de los links, mediante los cuales los lectores pueden acceder a otras páginas y otras informaciones, creando su propio recorrido de lectura que parecería no tener fin. Estamos entonces frente a un lector activo no sólo en la recepción de los mensajes sino también en la producción y difusión de ellos.

Es en este marco que se desarrolla el periodismo en general y la crítica teatral en particular. El mayor acceso a las tecnologías y la facilidad de utilización de varias plataformas permitió la creación de los famosos blogs. Al respecto, Gustavo Gaguine rescató el trabajo que puede hacerse en ellos porque el hecho de no depender de los grandes medios y del poder económico les brinda la independencia necesaria para poder hablar sin censuras. Sin embargo, esto no quiere decir que cualquiera pueda hacer crítica ya que hace falta formación para poder hacerlo desde un lugar serio y respetuoso, además, de las obras que se analizan. Pero en ese lugar hay que tener los pies sobre la tierra; es preciso dejar atrás la idea del crítico como aquel que se colocaba a sí mismo en un pedestalinaccesible y, desde allí, con su pluma implacable, repartía premios y castigos.

Más allá, no sólo se trata de hacer el trabajo con responsabilidad y compromiso, también implica una postura ética y política porque a veces la línea que divide el gusto personal del criterio analítico es muy delgada. Lo difícil es, precisamente, poder analizar una obra más allá del gusto propio para poder arribar a una conclusión imparcial o, al menos, no tendenciosa. Por detrás de este debate está la idea de objetividad, concepto que el periodismo erigió como su pilar principal pero que, sabemos, no existe en forma pura desde el preciso momento en que es un sujeto el que escribe. Se trata de un sujeto atravesado por su historia, su cultura, el contexto social, por valores y significaciones, en definitiva, atravesado por el lenguaje, la principal mediación cultural. Y es ese mismo lenguaje el que se debe cuidar al escribir tanto notas informativas como críticas porque las palabras son vehículos de representaciones sociales que, algunas veces, pueden llevar a la discriminación o la violencia simbólica. Por eso es que se habla de una postura ética pero también política, la que le hace saber al crítico o periodista que su discurso puede tener consecuencias negativas para otro u otros. Esto fue lo que planteó Mercedes Méndez cuando mencionó que elije no publicar una crítica negativa de una obra del circuito independiente porque, sabiendo las dificultades que estos grupos tienen para llenar la sala, una reseña negativa puede tener efectos muy perjudiciales. De manera que la postura política tiene en cuenta el gran poder de difusión que todavía tienen los medios de comunicación, pero no sólo los grandes medios masivos sino también los pequeños porque la instantaneidad y la velocidad de Internet hace que los contenidos circulen a una velocidad inusitada.

Entonces, en tiempos donde predominan los contenidos virales y sólo parece importar la cantidad de visitas a una página, donde se pegan gacetillas sin citar a la respectiva fuente, donde la vorágine de la web va en contra de la profundidad de ideas, todavía puede hacerse un periodismo responsable y respetuoso, con críticos formados en las disciplinas artísticas, que ofrezca análisis interesantes y perspectivas diferentes utilizando un lenguaje cuidado. Como planteó Barthes, la escritura crítica es artística. Ahora, quién la leerá es otra historia.

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