“Jóvenes” por jóvenes: miradas sobre la vida estudiantil

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Por Maria Jimena Tellechea, Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Especial para Sobre tiza.

El próximo viernes 21 de Septiembre, se festeja en Argentina el Día del estudiante. ¿Cuál es su origen? ¿Cuál su significado?, son preguntas que rara vez nos hacemos.

Dicho festejo surge en 1902 a partir de la propuesta del entonces presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Salvador Debenedetti, quien presentó el proyecto a las autoridades de dicha institución, fue aceptado y luego extendido a los centros educativos de todo el país.

Coincidiendo con el Día de la primavera, para muchos, el Día del estudiante representa la celebración por la renovación de la naturaleza y la creatividad del espíritu humano. Creatividad esta que va en sintonía con la posibilidad de transformación del sujeto y de la sociedad en la que vive a partir del estímulo que producen el estudiar y el aprender.

En ese sentido, la presente nota propone una actividad para el aula que intente recuperar el valor de la experiencia educativa en los jóvenes y hacer hincapié en su vinculación con la vida más allá de la escuela. ¿Cómo es la experiencia de aprendizaje en distintas personas y contextos? ¿Para qué sirve realmente estudiar? ¿En dónde se aplica lo aprendido? ¿Qué se deja a un lado?

Dado que la propuesta va dirigida a estudiantes del nivel secundario, se pensó trabajar a partir de consumos culturales de los adolescentes. Específicamente, en base a las redes sociales. Las tecnologías producen entre los jóvenes nuevas maneras de comunicarse, nuevas formas de sociabilidad. En gran medida, los contactos cara a cara ceden lugar a los establecidos a través de pantallas. Así, el celular, el chat y las redes sociales, se convierten en los espacios elegidos para relacionarse creando nuevos códigos.

La idea es proponer a los chicos la creación de una página de Facebook para recolectar entre los adolescentes de distintos lugares, historias de vida contadas en primera persona, acerca de la experiencia estudiantil. Se puede comenzar por las historias de los chicos que realizan el proyecto y a través de la red social, establecer contacto con estudiantes de la escuela a la que concurren para luego, vincularse con otras comunidades educativas fomentando el trabajo colaborativo. Hasta aquí, la primer parte del proyecto.

Una vez concretado esto, habiendo obtenido un número importante de historias de vida, se plantea a los chicos una nueva actividad: procesar las distintas experiencias recolectadas y analizarlas, estableciendo similitudes y diferencias entre las mismas. Para dar cierre al proyecto, es recomendable que los chicos realicen una publicación con las conclusiones a las que arribaron a partir del análisis. Lo rico de este trabajo producido a través de Facebook o cualquier otra red social, es que permite no sólo la posibilidad de construir colectivamente, sino también la retroalimentación entre quienes participan. Es decir, esas conclusiones no quedan cerradas, sino que pueden ser cuestionadas, modificadas o enriquecidas.

Otra de las cuestiones interesantes del trabajo en este sentido es dar voz a aquellos que se ven nombrados por otros en discursos altamente estigmatizantes. Como señala la autora Silvia Bacher, niños y jóvenes encuentran pocos espacios para expresar sus ideas, inquietudes y anhelos. En ese sentido, saber que sus palabras no quedarán encerradas en un cuaderno de clase ni entre las paredes del aula sino que las trascenderán para llegar a oídos desconocidos, da a su mensaje un sentido especial. Así, los adolescentes podrán contarse a sí mismos, hablar en primera persona y dar a conocer significados producidos sobre su propia experiencia educativa.

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