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Diaverum, clínica de Malvinas Argentinas, en Polvorines, Provincia de Buenos Aires, lanzó el programa “La educación, donde se la necesite”, que tiene como objetivo la alfabetización de los pacientes mientras se dializan.

Muchos de los pacientes que pasan largas horas en las clínicas de Diaverum no han terminado sus estudios primarios y, por ende, en muchos casos no saben leer o escribir. Una gran limitación a la hora de desenvolverse en todos los ámbitos de la vida, pero sobre todo en los hospitales donde están en constante contacto con remedios, recetas, prospectos y más.

En ese sentido, de lunes a viernes, durante 3 horas casi 30 pacientes, acompañados por una docente, mejoran sus habilidades para leer y escribir.

La iniciativa “La educación, donde se la necesite” comenzó hace 10 años de la mano de Verónica Bianco, Trabajadora Social de la clínica, quién detectó la necesidad de aprovechar el tiempo de la diálisis con algo que muchos pacientes necesitaban: terminar el colegio. Se trabajó en conjunto con el Ministerio de Educación hasta llegar al programa que se implementa en la actualidad.

Respecto a los beneficios de utilizar el tiempo de las sesiones de diálisis para fines educativos y recreativos, la Dra. Rosa Paparone, Directora Médica de la Clínica de Malvinas y arquitecta del proyecto, expresó a Sobre Tiza: “La importancia de la educación en el marco del tratamiento es muy alta, dado que, al aprender, la persona en diálisis se auto-percibe con mayor amor propio, se inserta mejor socialmente y se adhiere más al tratamiento (sin ausencias y con más respeto a las indicaciones de nutricionistas y equipo médico). Los pacientes que aprender a leer y escribir o terminan el primario en diálisis, se paran más erguidos, empiezan a cuidar su aspecto físico, se relacionan mejor con el entorno y con su propia enfermedad, y ganan independencia, porque comienzan a hacer trámites para los que antes necesitaban a otra persona que leyera o escribiera por ellos. El cambio es drástico, para bien”.

Asimismo, destacó a este Medio que “teniendo en cuenta que las sesiones de diálisis se realizan 3 veces por semana por espacio de 4/5 horas en cada oportunidad, para el servicio médico es todo un desafío mejorar la experiencia del/la paciente durante el tiempo dentro de la Clínica. Que se dispersen, ayuda a que el tiempo pase más rápido y que toleren mejor el tratamiento. Y qué mejor si ese tiempo se aprovecha estudiando, un aprendizaje que les quedó trunco o que ni siquiera pudieron comenzar (en el caso de quienes no saben ni leer ni escribir)”.

La educación como herramienta

La educación “es un plus en cualquier marco, pero dentro de la situación extrema de una enfermedad crónica cobra una importancia mayor. Educarse es sinónimo de proyección, de futuro, de pensamiento positivo hacia adelante, de superación. Es un plan y, como tal, una actividad que aleja de la muerte tanto mental como físicamente, porque se descubrió que los pacientes en diálisis que estudian o se entretienen mejoran orgánicamente. Sus análisis de laboratorio tienen mejores resultados, se descomponen menos en las sesiones y toleran mejor la medicación. Es decir, no es sólo un aprendizaje terapéutico, es un cambio en la vida de los pacientes que impacta, además de social y psicológicamente, en su mejora física”, subrayó Paparone a Sobre Tiza.

Ahora bien, consultada sobre cuáles son los principales desafíos que se presentan a la hora de la enseñanza/aprendizaje, la Doctora especificó que “la motivación es un espacio mental que hay que conquistar en cada paciente”.

“Muchos llegan deprimidos al encontrarse sumidos en un trastorno de la salud que les insume muchas horas diarias y les cambia la vida. Ponerlos en acción y que tengan ganas de dar ese paso es un desafío, como lo es también el de captar su atención si no se sienten bien. Pero este proceso se convierte en un círculo virtuoso una vez que logramos que el paciente se sume a las clases, tenga su cuaderno, quiera hacer la tarea, participe, etc. Los medios económicos también son parte de los obstáculos. Al enseñarles informática, los pacientes no pueden practicar ni volcar sus conocimientos al no contar con tablets o incluso celulares inteligentes. La ayuda del estado en este sentido, se vuelve fundamental para proveer a las personas en diálisis de equipamiento tecnológico/digital”, resaltó a Sobre Tiza.

En tanto, sobre la posibilidad de implementar esta iniciativa en otros lugares, la médica indicó que “la iniciativa puede trasladarse a tratamientos de quimioterapia, largas estadías en internación y todo lo que conlleve muchas horas de tratamiento en estado de conciencia”. De todos modos, en relación con la diálisis, “el tiempo que se aprovecha es el que el paciente transcurre dentro de la Clínica. Una vez que sale, la persona aprovecha para trabajar y realizar otras actividades”, concluyó Paparone.

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